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Jueves, 15 de Noviembre de 2018

Tres son sus muertos, mucho fue el gasto, pero más el dolor

María ahora es la matriarca, tras la muerte de su madre de 92 años de edad y la de su hijo Víctor de 45 años
Viernes, 2 de Noviembre de 2018 10:00
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Lena Velázquez

Huaquechula, Pue.- La muerte, por momentos decide cobrarse con la “manga ancha” el crédito en esta vida otorgado a las familias, asumió con ironía, enojo y hasta reclamo María.

Santy antes de morir pidió juguetes y dulces para su ofrendaEn corazón de zona huachicolera celebran a la Santa MuerteEs la matriarca de los Tapia y los Bautista cuyo título adquirió por ausencias y es capaz de otorgar una sonrisa franca a quien como visitante o curioso llega hasta su casa para conocer la ofrenda.

A ella la encuentras sentada en una silla blanca. Está ella y su soledad. Suelta palabras poco sonoras en son de bienvenida a los suyos, en una mezcla de sollozos y rezos.

Estamos al norte de la cabecera de Huaquechula. El mapa entregado por los guías de turistas para encontrar los altares no puede estar equivocado: en una misma dirección tres ofrendas nuevas. Algo casi inédito y perturbador para una familia.

Tres ofrendas: tres muertos en un año. En el 2018: Víctor Tapia, el hijo de 45 años perdió la vida a consecuencia de una enfermedad “extraña”; Zenovia Bautista de 92 de edad, le dejó el trono a María de matriarca. Y, René Confesor de 44 años, tras 22 años de radicar en Nueva York, perdió la vida de manera repentina por un paro cardiaco.

Quizá los casi 77 mil pesos gastados entre la construcción de altares, comida y mariachis puedan recuperarse, “pero la oportunidad de darles la bienvenida a mi gente en su primer año de muerto nunca, porque es sólo una vez”, alcanzó a mencionar en medio del ruido de “Las Golondrinas” entonadas por el mariachi.

Al final del recorrido no podía faltar el rico mole y arroz, porque aunque el corazón de María tiene dolor, no le impidió dar algo más que su sonrisa y la tradicción a los ajenos a su familia.

 

A los suyos, también los acompañó el humo del copal y de los cirios, el mar de visitantes y las agobiantes cámaras de los celulares que no dejan de grabar sus lágrimas cuando 15 minutos después de las 2 de la tarde ya llegaron los invitados de honor, los únicos que permanecerán en el corazón de María.

Fotografías Lena Velázquez

clh

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