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Martes, 19 de Octubre de 2021

Rectifique, señor Presidente

Jueves, 14 de Octubre de 2021 11:17
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Municipios Puebla

A la mitad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el combate a la corrupción y a la pobreza, fundamentos que lo llevaron al poder con un amplio apoyo popular, muestra preocupante deterioro si no corrige con hechos, no con palabras, una eventual crisis política. 

El conflicto en Dos Bocas es sindical, insiste AMLOPiden a Sener y Pemex publicar cuentas sobre obra de Dos BocasEl Presidente mantiene un promedio de 60 por ciento de respaldo ciudadano, gracias en buena medida al hábil manejo retórico, con distracciones, apariencias y confrontaciones, pero carente de soluciones duraderas a la mayoría de los graves problemas que enfrenta el país, como la inseguridad, la salud y la educación.

López Obrador, a diferencia del prócer Benito Juárez que se rodeó de las personas más capaces para ayudarle a gobernar, prefiere tener un gabinete sui géneris de ambiciosos unos, dogmáticos otros, muchos incompetentes, pero todos serviles a su jefe.

El fácil recurso de echar la culpa a los gobiernos anteriores de los problemas ya se agotó, pues el tiempo de gracia ya terminó y es hora de entregar resultados satisfactorios ahora.

Las recientes denuncias de prácticas corruptas u opacas en el gobierno empañan la credibilidad de López Obrador en su empeño de transformar al país. En lugar de reprobarlas y someter a la justicia a los infractores, las niega, las evade o las desvía con el gastado truco de responsabilizar a la derecha o a los neoliberales, a la prensa o a la oposición por las faltas de sus propios colaboradores.

El Presidente tiene muy claro que con su innegable autoridad moral y política debe doblegar poderosos intereses económicos, políticos y burocráticos para lograr afianzar la llamada cuarta transformación en menos de tres años.

Obstinado como es, en esta carrera contra el tiempo, su voluntad no elimina el riesgo de que las obras emblemáticas de infraestructura sean poco rentables.

La refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y el Corredor Transístmico concentran 67 por ciento del gasto público en 2021. Cientos de miles de millones de pesos que podrían convertirse en elefantes blancos por falta de planeación y viabilidad.

Es correcta la acción del Presidente de desarrollar el sur del país, donde se concentran los mayores niveles de pobreza, pero no parece que haya un plan maestro integral y de rentabilidad que aseguren ser autosuficientes a mediano y largo plazo. 

Mientras que los megaproyectos (que a pesar de todo ojalá sean exitosos) concentran 67 por ciento del pastel del gasto público programado para 2022, los sectores destinados al bienestar social reciben menores recursos.

Para vivienda y servicios comunitarios será canalizado solo 20.6 por ciento, mientras que los sectores salud y educación pública apenas recibirán 1.7 por ciento y 1.8 por ciento, o sea, migajas.

Un gobierno que privilegia la posesión de refinerías por encima de hospitales, y trenes por escuelas, no se puede llamar un gobierno humanista. Es una irresponsabilidad mantener igual que antes la inversión en salud, cuando sigue creciendo día a día la pandemia del covid con consecuencias letales, hasta ahora, para más de 280 mil mexicanos. 

Con la llegada de AMLO anhelamos el fin de la corrupción, un gobierno totalmente transparente, integrado por funcionarios capaces y honestos. Todavía hay tiempo de rectificar, señor Presidente, sin perder el rumbo.

Columna Sin Ataduras de Agustín Gutiérrez Canet en Milenio

Fotografía archivom

clh

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