
Después de tantos Mundiales de futbol que resultaron frustrantes para los presidentes de México a lo largo de los siglos XX y XXI, en las administraciones anteriores a Claudia Sheinbaum —torneos en los que, en el mejor de los casos, la Selección se quedaba en el “ya merito”—, hoy puede afirmarse que México ha firmado una actuación absolutamente sobresaliente en la competencia deportiva más apasionante que conoce la humanidad, la que se celebra cada cuatro años organizada por la FIFA.
La Selección lleva un paso perfecto. Ha ganado claramente cuatro juegos y no ha recibido ni un solo gol. Lo que pase después del siguiente partido, el mítico quinto al que nomás no podíamos llegar, probablemente contra una potencia como Inglaterra, cualquiera que sea el resultado en el juego de octavos de final no nos quitará la satisfacción de lo ya logrado: el fin del “ya merito”.
México clasifica a octavos del Mundial 2026 tras vencer 2-0 a EcuadorVallarta contra Ciro: mucho escándalo, poco derechoHa sido una hazaña futbolística, sin duda, pero también un acontecimiento cultural. Estamos dejando atrás uno de los peores complejos nacionales: el de sentir que quedamos siempre a un paso del éxito. Gracias al equipo dirigido por Javier Aguirre, ya podemos contar de una manera distinta nuestra historia en las competencias globales.
Guste o no, el futbol es el gran relato nacional. Cuatro juegos ganados sin recibir gol nos llevarán a reescribir el destino de México. Hemos demostrado que podemos ser ganadores.
Adiós a la promesa permanente de triunfo que jamás se concreta. Y que quede claro, no se necesita ganar el Mundial —ni siquiera llegar a cuartos de final— para afirmar que el “ya merito” quedó en el olvido.
Estamos en deuda con la actual Selección, la primera que decidió no quedarse a las puertas de las grandes victorias. En efecto, el equipo en el que destacan tantos buenos futbolistas cruzó el umbral prohibido y alcanzó la gran meta, la del “sí se puede”.
Abandonar para siempre el “ya merito” es un reconocimiento al país que se ha transformado, a pesar de tantos enemigos internos y externos, y que avanza imparable hacia etapas de desarrollo mucho más brillantes, sobre todo para la gente hundida en la pobreza, antes abandonada, hoy atendida con elemental, mínima justicia.
Qué maravilla que el futbol nos haya convencido de que podíamos dar el salto definitivo hacia la excelencia. La siguiente meta, alcanzable, es escalar hacia el liderazgo global tanto en el deporte como en todas las otras actividades de la vida.
Llevamos un torneo impecable en el Mundial. Después de cuatro juegos perfectos, esto es muchísimo más de lo que esperábamos de nosotros mismos. Por eso lo considero una gran victoria.
La portería invicta añade valor a la hazaña. Significa que podemos defender como nadie —lo hemos demostrado en otros episodios históricos, como en las invasiones que hemos sufrido—. Por consecuencia, porque sabemos plantarnos ante el enemigo por poderoso que sea, no pasarán quienes de nuevo buscan destruir los ideales nacionalistas para entregarse a potencias extranjeras; sí, como en los tiempos de Maximiliano.
El país acostumbrado a la decepción deportiva hoy está de fiesta. Es la explicación al hecho de ver a millones de personas en la calle felices, celebrando lo que no se conocía plenamente: el éxito.
Domar la fatalidad
El significado político de haber dejado atrás el “ya merito” en el futbol es el de una transformación simbólica profunda que tanto necesitábamos: la de terminar de construir la autoestima colectiva.
No exagero porque el futbol, en México, es, como el español, un lenguaje común que atraviesa clases, regiones e ideologías. Nos hemos unido en el pasado, en la tristeza social, luego de tantas derrotas en los Mundiales. Hoy nos une la alegría de cuatro triunfos consecutivos sin gol. La Selección ya puede decir: misión cumplida, ¡pase lo que pase en los próximos juegos!
Que a la presidenta Claudia Sheinbaum le haya tocado presenciar el triunfo —algo que no pudieron ver otros presidentes, de todos los partidos— debe entenderse como la mejor expresión del cambio de época que estamos viviendo: ya no es solo “tiempo de mujeres”: estamos en México también ante el fin de la pesadilla que parecía eterna del “ya merito”.
El primer liderazgo feminista en nuestra nación quedará en la historia asociado a la mayor felicidad nacional, la causada por esos inolvidables cuatro triunfos sin gol en contra.
Hay etapas de gran trascendencia histórica que se recuerdan no solo por decisiones de gobierno, sino también por acontecimientos considerados menores pero que tanto motivan a toda la gente.
Ya no solo resistimos la adversidad —éramos campeones nada más en levantarnos después de cada derrota para volver a perder—. Ahora podemos decir que hemos aprendido a domar la fatalidad para convertirla en victoria y utilizarla a nuestro favor.
Disfrutemos lo que nunca habíamos disfrutado. Todo lo que ocurra de ahora en adelante en el Mundial de la FIFA será ganancia para la Selección.
Y preparémonos porque, en la competencia atlética más extenuante que se conoce, el Tour de Francia que inicia el próximo sábado —tres semanas de recorrer esa gran nación subiendo varias veces durísimos puertos en los Alpes y en los Pirineos—, entre los favoritos está un mexicano excepcional, muy joven todavía a sus 22 años de edad, Isaac del Toro.
Anoche el Torito seguramente no se desveló en Europa, pero hoy debe haber recibido una inyección de motivación por el triunfo de la Selección ante Ecuador. Con qué envidia lo verán los otros ciclistas de naciones como Alemania y Países Bajos, tan futboleros y tan famosos, hoy eliminados en el Mundial de la FIFA.
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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
Foto Especial
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