
Sonora no es la excepción y la narrativa de la transformación ya enfrenta el desgaste que provoca la distancia entre las promesas y los resultados.
Astiazarán, que se acaba de destapar como opción, no es la única voz de la oposición sonorense que ha confrontado al oficialismo, también la senadora Lilly Téllez se ha convertido en una de las figuras más visibles, utilizando la tribuna del Senado para cuestionar decisiones del gobierno federal y estatal, y planteando alternativas sobre temas de interés público.
El otro Mundial: líderes globales (Selección Ideal). Gol de la SEDENAUna vela de cuerpo presenteEl anuncio realizado el pasado 20 de junio por Antonio “Toño” Astiazarán sobre su intención de competir por la gubernatura de Sonora, no sorprendió a nadie. El destape fue la confirmación de lo que desde hace meses se percibe en la entidad: la oposición finalmente encontró un perfil competitivo para disputar el gobierno estatal en 2027.
El alcalde de Hermosillo llega con una ventaja que hace legítimas sus aspiraciones, están respaldadas por resultados y, mientras otros actores construyen candidaturas a partir de discursos o campañas adelantadas, Astiazarán ha sabido apostar por una fórmula mucho más efectiva: gobernar.
Su principal activo no son las estructuras partidistas ni las alianzas, sino la experiencia acumulada al frente de la capital sonorense, una ciudad que durante los últimos años ha mostrado avances importantes en materia de infraestructura, servicios públicos, innovación y participación ciudadana.
La administración municipal ha impulsado proyectos que colocan a la capital de Sonora como referente nacional en temas como la modernización del alumbrado público, el impulso a la movilidad sustentable, inversiones en infraestructura urbana y la apuesta por energías limpias, ejemplos de un gobierno que ha entendido que la función pública debe servir para resolver problemas concretos.
A ello se suma un elemento cada vez más escaso en la política mexicana, su cercanía con los ciudadanos.
Astiazarán ha construido una imagen de gobierno basada en el contacto permanente con vecinos, empresarios, universidades y organizaciones civiles. Los programas de presupuesto participativo, audiencias públicas y recorridos por las colonias han fortalecido la percepción de un gobierno accesible y dispuesto a escuchar.
No es casualidad que su administración mantenga niveles competitivos de aprobación ciudadana, cuando los gobernantes cumplen, la gente responde.
Por ello, su eventual candidatura parte de una posición que le da ventaja sobre aspirantes que buscan llegar al poder prometiendo cambios. Astiazarán se ha concentrado en construir su proyecto sobre la base de resultados verificables.
El contraste con el gobierno estatal resulta inevitable. Respaldado por la fuerza política de Morena y su cercanía con el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, Alfonso Durazo llegó a la gubernatura con la promesa de encabezar una profunda transformación. Sin embargo, para muchos sonorenses, los resultados han quedado por debajo de las expectativas.
La inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones en distintas regiones del estado. La presencia de grupos criminales, episodios de violencia y la sensación de falta de control generan constantes cuestionamientos sobre la efectividad de la estrategia de seguridad, mientras se acumulan las críticas relacionadas con la transparencia gubernamental, el manejo de proyectos públicos y la creciente percepción de centralismo en la toma de decisiones.
Los ciudadanos ya no votan únicamente por colores o siglas partidistas. Cada vez observan con mayor atención quién cumple, quién escucha y quién resuelve problemas.
Mientras el desgaste de Morena se vuelve más visible en diversas regiones del país, algunos gobiernos locales de oposición han logrado posicionarse por sus resultados.
En ese contexto, la elección de 2027 podría convertirse en un referéndum entre dos formas distintas de gobernar: la de un modelo centralizado que enfrenta cuestionamientos por inseguridad, falta de resultados y distancia hacia demandas ciudadanas o el de una visión que apuesta por la cercanía, la innovación y la construcción de soluciones desde lo local.
Ahí están los casos de Mérida, donde Cecilia Patrón ha consolidado un modelo de gobierno cercano y eficiente; o la alcaldía Cuauhtémoc, donde Alessandra Rojo de la Vega ha logrado posicionarse como una figura que enfrenta inercias burocráticas y privilegia la atención directa a los ciudadanos.
Toño Astiazarán ya levantó la mano. Ahora le corresponde demostrar que lo realizado en Hermosillo puede convertirse en una ruta viable para todo Sonora.
Las elecciones ya no se ganan con discursos, campañas o narrativas. Hermosillo forma parte de esa nueva generación de gobiernos locales que entienden que la política debe regresar a lo esencial: mejorar la vida de las personas.
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Columna de Manuel Díaz en SDP Noticias
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