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Martes, 18 de Febrero de 2020

Las mentiras y calumnias duran mientras la terca realidad lo permite

4 Diciembre, 2019
Aquiles Córdova Morán

Para la nación entera es de sobra conocido que el asesinato de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, en Iguala del mismo estado, conmocionó al país, causó gran revuelo mediático y provocó que la mayoría de los medios locales y nacionales se ocuparan del tema durante bastante tiempo. Fue tema de análisis de las editoriales de periódicos y revistas, de los foros de discusión en la televisión y la radio, y de columnistas prestigiados (y otros no tanto), que hicieron sus ingentes y sesudos esfuerzos para explicar los motivos, razones o causas del crimen, así como acercarse a los probables autores materiales e intelectuales de tan horrendo suceso. Ante la gama de intereses y de complicidades, tanto económicas como políticas y delictivas, poco a poco se fueron diluyendo todas las teorías manejadas, y fue quedando como única y más segura la suposición de que era un crimen de Estado. Para arribar a esta conclusión jugó un papel decisivo el movimiento de la familiares de los estudiantes desaparecidos, encabezados por su asesor Vidulfo Rosales, abogado del Centro de Derechos Humanos “Tlachinolan”, de la Montaña de Guerrero, que funciona en Tlapa, Gro., quienes un día sí y otro también, acusaban al gobierno y al Ejército Nacional del crimen de los estudiantes.

            La Zona Militar ubicada en Iguala, Guerrero, fue víctima varias veces de los ataques verbales, físicos, mediáticos y materiales, por parte de los padres de los estudiantes asesinados. En el arribo a esta conclusión, también jugaron un papel decisivo los periodistas de “izquierda” y los grupos de la izquierda mexicana, quienes iniciaban ya una campaña intensiva para llevar a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador. Explotaron de manera deshonesta un hecho bárbaro, para crear animadversión en el pueblo contra los partidos, especialmente contra el PRI y contra el presidente en funciones, Enrique Peña Nieto, por un crimen donde no se había demostrado su culpabilidad. (Cualquier semejanza con la realidad actual es pura coincidencia).

            De nada sirvieron las investigaciones profesionales y minuciosas de la Procuraduría General de la República, bajo la responsabilidad del Lic. Jesús Murillo Karam; no se movió ni un ápice esta idea, a pesar de las investigaciones de peritos profesionales extranjeros, que costaron al país millones de pesos; tampoco sirvieron las investigaciones objetivas, como la del periodista Jorge Fernández Meléndez, plasmadas en su libro “La noche de Iguala”. Se afirmaba, y se sostenía en todos los tonos y en todo lugar que  era un crimen de Estado. Andrés Manuel López Obrador, como candidato, en una más de sus falsedades, usadas con maestría para obtener el apoyo popular, se unió al coro que sostenía que era un crimen de Estado y, ya en el poder,  prometió la creación de una  Comisión de la Verdad para hacer justicia a los familiares ofendidos. 

            Según nota del diario El Universal, del 24 de noviembre del presente año, el Presidente de la República afirmó en Tlapa de Comonfort, Guerrero, que “el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el reciente asesinato del activista Arnulfo Cerón, no fueron crímenes de Estado”, por lo que “confío en que no queden en la impunidad”. Esto, ¿no la sabía el antes candidato? Claro que sí. Entonces, ¿por qué gritaba hasta quedarse sin voz que el asesinato de los 43 estudiantes era un crimen de Estado? Porque lo necesitaba en ese momento, requería montarse en una mentira para conseguir adeptos que lo llevaran a Palacio Nacional. Por eso, hoy, que debe  cumplir la palabra empeñada con los padres de los estudiantes asesinados, les sale con la embajada de que “no fue un crimen de Estado, lo que le permite confiar en que no quedaran impunes”. En otras palabras, les confesó a los padres de familia su engañó cuando les dijo que era un crimen de Estado, y que esperen sentaditos a que les resuelva, pues parados se van a cansar. Lo mismo hizo con su slogan “Primero los Pobres”. Nos mintió para obtener el voto popular y, hoy como siempre, somos los últimos en ser atendidos y recibir la limosna gubernamental, y los primeros en ser usados groseramente con fines electoreros.

            Un último botón de muestra, aunque no el único, de la serie de mentiras que se manejaron para obtener el poder político: Se prometió terminar con la delincuencia y hoy, en el primer año de gobierno obradorista, vemos el año en que más crímenes se han cometido. Mientras esto pasa en el país, desde Palacio Nacional se les ofrece a los criminales, “abrazos y no balazos”, “acusarlos con sus mamás o sus abuelitas, para que los obliguen a portarse bien”. No sólo es un brutal engaño el no hacer nada serio para acabar con la delincuencia, es también una burla sangrienta la que sufre el pueblo de Mexico con el  gobierno de la Cuarta Transformación.

            Todas las mentiras, falsedades y engaños aquí narrados, nos dejan una gran enseñanza a todos los ciudadanos mexicanos, pero fundamentalmente a los más desprotegidos: Todos los partidos hoy existentes, mienten, engañan, menosprecian y olvidan, a los pobres de este país, que son los que en su mayoría los llevaron al poder, lo mismo cuando son candidatos como ya en funciones como gobernantes, cuestión mucho muy grave. La razón de esta conducta es simple: No son candidatos del pueblo, son de los poderosos y a ellos les sirven con prestancia y diligencia.

            Urge, por tanto, poner al frente del poder de la nación a un verdadero y auténtico candidato de los oprimidos, elegido por nosotros y apoyado por nosotros, para poder exigirle cumplimiento cabal a su palabra o poder destituirlo si intenta burlarse de la voluntad ciudadana. Para hacer realidad estas ideas, es necesaria la conformación de nuestro partido político. A esto los convoca el Movimiento Antorchista Nacional. Responder a este llamado es el reto de todos los mexicanos amantes de la paz, el progreso y la democracia. Nuestra actitud ante problemas tan graves, nos puede permitir forjar un México con amplias oportunidades para todos sus hijos o la prolongación de nuestra nación en el atraso, marginación, insalubridad e ignorancia. Tú decides.

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