Apenas empezaba el mes de junio cuando cerró sus puertas la emblemática planta Stanley Black & Decker, ubicada en la lateral de la autopista México-Puebla.
La decisión que dejó sin empleo a 600 trabajadores, casi 500 de ellos obreros y el resto administrativos, luego de 59 años de operación ininterrumpida, confirmó que el capital, en este caso estadunidense, busca seguridad pública y jurídica, además de estímulo, para no caer en números rojos, y no sólo promesas y discursos oficiales.
Con base en un reportaje de El Sol de Puebla, publicado la semana pasada, “alrededor de 200 empresas transnacionales en la entidad, principalmente de los sectores de autopartes, alimentos, metalmecánico, plásticos y químico, han comenzado a realizar ajustes que incluyen despidos, traslados de producción a otros estados del país y cierres en los próximos años”, informó Carlos Julián Sosa, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (Canacintra).
El periodista Javier Zambrano informó que el representante industrial explicó que actualmente se presenta un fenómeno internacional que va más allá de la competencia entre regiones o países, ya que diversos gobiernos están impulsando políticas para que las compañías originarias de sus territorios regresen parte de sus procesos de manufactura y producción a sus lugares de origen.
Es el caso de Estados Unidos y la política de su presidente Donald Trump.
Se estima que alrededor de 200 empresas de origen extranjero están sujetas a decisiones globales. Sus determinaciones no se basan únicamente en una estrategia local, sino en lo que ocurre en diferentes regiones del mundo. Existe una competencia internacional y también presiones de los países de origen para que la manufactura regrese a sus territorios.
El riesgo no se limita a que las empresas abandonen México, sino también a que trasladen sus inversiones de un estado a otro dentro del país en busca de mejores condiciones de operación, como ha ocurrido en casos dentro del sector industrial nacional; un ejemplo es Nissan, que pasó su planta de Morelos a Aguascalientes.
El líder industrial propuso a las autoridades de los tres niveles de gobierno y al sector empresarial, para impulsar estrategias que permitan fortalecer la competitividad de Puebla y mantener su atractivo para la inversión nacional y extranjera.
“Mientras mejor condición ofrezca la entidad en materia de infraestructura, seguridad, certeza jurídica, simplificación administrativa y desarrollo económico, más difícil será para las empresas justificar una eventual salida de sus operaciones”, explicó el líder de Canacintra.
Advirtió que, de no fortalecer la competitividad del estado y del país, existe el riesgo de que situaciones como la ocurrida con Stanley Black & Decker se repitan en otras empresas y otras entidades del territorio nacional.
Tras 59 años de operación en Puebla, la empresa dedicada al ensamblaje y fabricación de herramientas eléctricas y accesorios de ferretería —como taladros, destornilladores, cortadoras, martillos, cinceles, llaves inglesas, entre otros— cerró el 4 de junio su planta debido a que dejó de ser rentable.
Alrededor de 600 trabajadores, entre operativos y administrativos, fueron despedidos y liquidados conforme a la ley. La decisión tomó por sorpresa a la plantilla laboral, la compañía no les notificó previamente sobre la situación financiera que enfrentaba. Apenas una noche antes del cierre se les informó que debían presentarse a primera hora para recibir un anuncio importante.
Al llegar, los trabajadores ya no pudieron registrar su entrada. Fue entonces cuando representantes de la empresa les comunicaron que la planta operaba en números rojos y cesaría definitivamente sus actividades, iniciando de inmediato el proceso de liquidación del personal.
El reto es enorme para gobierno y sociedad que más allá de sus buenos deseos deben presentar una propuesta que mantenga el atractivo para la inversión nacional y extranjera.
El capital evaluará de hoy en adelante si existe un esquema de infraestructura, seguridad, certeza jurídica, simplificación administrativa y desarrollo económico, lo otro será la caída de las inversiones y que lleguen menos capitales a la entidad. Stanley es un ejemplo.
Der las anécdotas que se cuentanAyer domingo, con una solemne misa y una comida para miles de invitados en el Seminario Palafoxiano se celebraron los 50 años de sacerdocio de nuestro arzobispo, Víctor Sánchez Espinoza. El pasado 21 de mayo cumplió 76 años y a los 75, como lo dicta el Derecho Canónico, presentó su renuncia al arzobispado.
No será extraño que en las próximas semanas el Papa León XIV designe a su sustituto o amplié su periodo, como lo han hecho en otras diócesis.
Ayer confirmó su capacidad de convocatoria, es un arzobispo discreto que hizo un gran trabajo pastoral y evitó ser un protagonista de la política poblana, aunque en los hechos fue un factor de estabilidad y equilibrio.
Don Víctor es un extraordinario pastor de los católicos, que lo mismo fue el párroco de Ocotlán, el secretario de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y obispo auxiliar de la Ciudad de México.
El reconocimiento social de ayer fue extraordinario y sincero para un sacerdote con cinco décadas de oficio y dedicación a los fieles católico.
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