Existe un dicho popular que define perfecto al PRI, ahora que andan sus lideresas muy “sácale punta”, tras los resultados en Coahuila, donde el tricolor arrasó en la última elección.
“Hay maderas que no agarran el barniz”.
Esta frase se utiliza como metáfora para referirse a aquellas personas tercas o difíciles de educar con las que, por más que se intente o se les explique, no hay manera de hacerlas cambiar de actitud o entender las cosas.
En la última elección por la gubernatura de seis años (2018), se dio el último pasaje de transa entre los dirigentes, en su afán por sacar todo el dinero posible, ante la debacle del partido.
Primero los líderes, luego el PRI.
En el 2017, Gerardo Mejía Ramírez se desempeñaba como Secretario de Organización en el Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI en Puebla. Su jefe directo en ese entonces, era Jorge Estefan Chidiac, presidente del partido.
Pues Mejía por órdenes de Estefan cobró a cada aspirante del PRI a alcalde 50 mil pesos para medirlo en sus aspiraciones.
Se estima que se inscribieron tres por cada de una de las 217 alcaldías. Sume y sume para saber lo que se chingaron estos priistas, ahora operadores de Morena y rémoras.
No se apure, le doy la cantidad de lo chingado: 32 millones 550 mil pesos, sólo por aspirar en el tricolor.
En esa época Delfina Pozos Vergara fungía como dirigente del Frente de Organizaciones Obreras Femeniles de la CTM.
La hoy aspirante a la alcaldía de Puebla estaba muy recomendada por Leobardo Soto para ser candidata a diputada local por el distrito 3 con sede en Zacatlán.
A ella le quitaron el examen en el PRI por copiar y por tanto fue reprobada.
Sin importar estatutos, Estefan le dio la posición por acuerdo con líder CTM para convertirse en la candidatura a diputada local por Zacatlán, cuya elección constitucional perdió ante el panista Raúl Espinosa.
Por los cobros de exámenes e imposición de candidatos por dar dinero tuvieron que realizar más de 20 erratas en las convocatorias para el 2018.
El PRI es un desastre por definición.
clh
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