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Jueves, 18 de Junio de 2026

Olga Romero: lectura de una imagen

17 Junio, 2026
Fernando Maldonado

En política las fotos no se explican: se leen. Quienes no hacerlo están fuera de la jugada. Las batallas llegan a los últimos encuentros. Empiezan a cerrarse.

Las postulaciones están cada vez más cerca. Los grupos ya se mueven, las señales ya circulan y las fotografías comienzan a decir lo que muchos todavía no se atreven a pronunciar en voz alta.

La postal más reciente de Morena con coordinadores territoriales deja una lectura clara: Alejandro Armenta, el estratega, construye estructura, alineao fuerzas y manda mensajes.

El evento, realizado ante cientos de operadores y con la plana mayor del armentismo presente, no fue un acto menor. Fue una demostración de músculo. Un recordatorio de que el gobernador entiende perfectamente que las elecciones no se ganan solo con marca, sino con territorio, disciplina y operación.

Por eso la fotografía importa. La lógica política diría que Olga Romero, Andrés Villegas y César Addi, como referentes partidistas, deberían aparecer sólidos, cerca, visibles y con peso propio alrededor del gobernador. Pero la imagen deja otra lectura: Andrés y César tienen un lugar ganado en el círculo político de Armenta. Tienen función, presencia y utilidad.

Olga Romero, en cambio, aparece en otra circunstancia. Sigue vigente, pero estar vigente no es lo mismo que estar presente. Esa es la diferencia que en política separa a quienes mandan de quienes solo resisten. No es su mejor momento. Su salud política está mermada. Su presencia en Tehuacán, donde hace unas semanas caminaba como si ya tuviera candidatura amarrada. De pronto bajó el ritmo, se apagó la narrativa y apareció el silencio.

Y cuando alguien que venía en campaña permanente decide detenerse, la pregunta obligada es: ¿quién le dio el recado?

Porque en Morena nadie se mueve sin lectura. Nadie se enfría por casualidad. Nadie deja una plaza si siente que la tiene ganada. Algo pasó. Alguna encuesta habló. Algún mensaje llegó. Algún cálculo cambió.

La dirigente estatal parece flotar, al ritmo de la corriente, reapareciendo en eventos partidistas para sostener la idea de que sigue en el tablero, pero cada vez más lejos del centro real de decisiones. Su permanencia al frente del partido ya no se ve como fortaleza, sino como una pausa administrativa: sigue ahí porque todavía no se activan los mecanismos políticos para reemplazarla.

Ese es el mensaje de fondo. No está en donde quiere estar. Está en donde le permiten seguir estando, y la diferencia es enorme.

Mientras Alejandro Armenta fortalece su proyecto, ordena a sus operadores y marca ruta hacia 2027, la dirigencia estatal de Morena aparece atrapada en su propia inercia. Sin brillo, sin mando pleno y con una presidenta que carga más desgaste que capacidad de suma.

A eso se agrega el otro frente: el pleito por la herencia de Socorro Romero Sánchez. Una disputa larga, pesada, incómoda, que se ha vuelto parte inseparable de su imagen pública. En política, los expedientes también pesan. Y cuando pesan demasiado, terminan condicionando cualquier aspiración.

Por eso la foto hace ruido, no por lo que muestra, sino por lo que sugiere: que quien mueve las piezas ya tiene claros sus activos. Hay personajes que ya son parte del futuro, y otros, que administran su salida. Olga Romero parece estar en ese segundo grupo y su problema no es solo Tehuacán, sino que se achicó en el partido.

Su problema es que ya no transmite fuerza. Su problema es que cada aparición parece más un intento de sobrevivencia que una demostración de liderazgo.

En política, cuando se empieza a vivir de la cortesía de los demás, el tiempo se agotó. Aparecer en la foto no significa seguir en el círculo de poder. Se puede estar en el evento, aparecer en la imagen y aplaudir desde la mesa. Muy distinto es tomar decisiones.

El armentismo diseña cada jugada en su tablero. Andrés Villegas y César Addi parecen entender el momento. Tienen lugar, tienen función y tienen futuro dentro del proyecto. Olga, en cambio, parece sostenerse en una silla prestada. Y cuando en la política te prestan la silla, tarde o temprano también te pide que la devuelvas.

Tehuacán ya le bajó el volumen. El partido empieza a marcar distancia.

El gobernador acomoda su equipo. Y la herencia que tanto persiguió tampoco le dio la oxigenación política que esperaba.

@FerMaldonadoMX

 

 

 

clh

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