Fijaron como víctima y ejemplo de la mano implacable de su feroz sistema de cobro de piso a una humilde vendedora de memelas.
Llegaron como cada semana por la cuota: 100 pesos para poder ofrecer su comida. No los pudo juntar porque la venta no había dado aún para esa cantidad.
Los responsables insultaron a la humilde comerciante, imagen viva de la memelera que todos hemos visto en algún momento: delantal a cuadros, pelo trenzado y tez morena.
Le gritaron, amenazaron y le tiraron por el piso la masa, salsas, aceites y otros insumos.
El abuso y castigo quedó impune. Nadie dijo nada, como ha sucedido en el pasado reciente por el riesgo de ser objeto de una vendetta, como sucedía en los clanes o familias italianas.
No es intuición. Se trata de supervivencia, personal y comercial. Por el rumbo todos conocen el caso de un vendedor de llantas a quien le incendiaron el establecimiento.
Se negó a pagar los 500 pesos semanales. Dijo iría a interponer denuncia ante la Fiscalía General del Estado. En mala hora se armó de valor: el castigo, como el caso de la humilde vendedora de comida en la vía pública, fue ejemplar.
Todos, cada semana tienen que pagar lo que las autoridades de todos los niveles dicen combatir: la extorsión abierta por un grupo de presión que está a nada de convertirse en un cártel.
Se trata de la agrupación 28 de octubre liderada por Rubén Sarabia Sánchez “Simitrio”. Legendario defensor de los vendedores semifijos que transformó a la organización en una fuerza criminal que rivaliza con la Familia Michoacana.
El cambio es notable. Simitrio dejó de ser caudillo que enfrentó al estado, perseguido y encarcelado por una legítima causa social, para transformarse en un capo urbano.
La iniciativa de obtener réditos de los comerciantes de la zona, que va desde la 43 Poniente hasta la Central de Autobuses de Puebla no es reciente.
Agudizó desde que el gobierno del estado tomó el control de los estacionamientos en los estadios, que cada fin de semana significaba un ingreso millonario, líquido y sin registro fiscalizable para la agrupación liderada por la familia de Simitrio.
Según los cálculos de los comerciantes establecidos, víctimas todos del cobro de piso de la agrupación 28 de Octubre, las utilidades netas podrían ascender cada semana a unos 250 mil pesos, contantes y sonantes.
El sábado 13 de junio, en la calle 13 Norte, entre la 44 y 46 Poniente se registró un operativo que involucró a diversas corporaciones, municipales, estatales y federales.
Nadie sabe si hubo frutos: productos robados, drogas o armas aseguradas.
Lo que sí tiene claro ese microcosmos de comerciantes, cansado de tributar a una organización abusiva es que el dominio de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes es total.
Reportes recientes, como el de marzo de este año, han sido reiterados los intentos de la Familia Michoacana por apropiarse de ese mercado cautivo.
La apuesta parece difícil porque la agrupación local no va a soltar esa fuente de ingresos ilegales que junto a lo que significa la operación en los mercados populares otro ingreso millonario mensual, difícil de calcular.
@FerMaldonadoMX
clh
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