
Dado que se vive en México una euforia (incluso trágica) a consecuencia de los buenos resultados de la Selección Mexicana de Futbol durante la Copa Mundial 2026, que han llegado a ser destacables, me propuse indagar un poco sobre la relación del balompié, futbol o soccer, con la música clásica y otras expresiones artísticas. Sobresale una obra en particular, el ballet La edad de oro compuesto por Dimitri Shostakovich entre 1929 y 1930.
Como siempre sucede, en ese tipo de vínculos entre fenómenos contrastantes y divergentes, hay ocurrencias o malos chistes o correlaciones erráticas. Así, circulan videos en que se pregunta con qué música clásica identificar a las diversas selecciones. Por ejemplo, Alemania con la Quinta Sinfonía de Beethoven o México con el Huapango, de Moncayo. O relacionan arias de óperas como “Nessun dorma” o “La donna è mobile” con determinados momentos de los mundiales o eventos deportivos en general. Naturalmente, son piezas que nada tienen que ver en origen con el fut, pero se han popularizado al ser puestas por coyuntura deportiva en esa correlación.
El verdadero triunfo del Señor de las Ligas: la amnesia democráticaY no se diga en la música comercial y/o popular. Hay muchas canciones utilizadas en los mundiales, ya sean compuestas exprofeso, parodiadas o simplemente utilizadas como fondo o coro por las multitudes de aficionados.
En cuanto a la literatura, la pintura y el cine, son las artes que más han utilizado al futbol como fuentes de inspiración y merecen un trato aparte.
Antes de hablar de la obra de Shostakovich, de quien hemos hablado en este espacio en relación a su ópera Lady Macbeth de Mtsensk, vale una referencia a Discofoot, espectáculo de baile o danza a partir del juego en combinación con el cuerpo en modo danzante. Surgió en Francia estrenándose en el Centro Pompidou de París en 2016, bajo el impulso del Ballet de Lorraine y los coreógrafos Petter Jacobsson y Thoms Caley. El chiste aquí no es el resultado en goles sino en la mejor ejecución coreográfica de la típica música disco de los años setenta del siglo XX. Un espectáculo seguramente divertido para quien lo vive y lo ejecuta, pero parece bastante aburrido para el espectador, un absurdo o sinsentido –le llaman variante surrealista del fut– que de todas maneras ha ido ganando alguna extensión.
En México, la secretaría de Cultura, a través de Danza y Teatro del INBAL, presentó en mayo pasado A Dance Tribute to the Art of Football (estrenada en 1997) en el Teatro del Bosque Julio Castillo: “Una propuesta que transforma el futbol en lenguaje coreográfico, entre la danza contemporánea, el humor físico y una mirada crítica a las masculinidades en el deporte. Con… un potente trabajo escénico, la Jo Strømgren Kompani construye una obra que retrata la pasión por el fútbol desde la amistad, la rivalidad y la emoción colectiva. La puesta en escena convierte entrenamientos, celebraciones y jugadas en una coreografía que cruza el deporte con la danza contemporánea” (cita de la cuenta X, de la secretaría de Cultura). Los fragmentos visuales disponibles, la exhiben con una mayor aproximación a la danza contemporánea que la propuesta de Lorraine.
Esta inmersión de la danza contemporánea en el futbol no es nueva en México. En el año 2000, la compañía Utopía Danza-Teatro, fundada y dirigida por Marco Antonio Silva, incluyó un fragmento futbolístico en la obra de “largo aliento”, Made in Mexico. Un pastiche paródico de escenas abigarradas, sin música exprofeso para ser bailada, coreografiada de manera colectiva por el director y los bailarines de la compañía. Naturalmente, el uso de piezas no compuestas para la obra sino con otros propósitos, es uno de los grandes padecimientos de la llamada danza contemporánea mexicana, que casi nunca alcanza presupuesto para crear música propia a la propuesta del coreógrafo, y este usualmente no tiene esa ambición o ese refinamiento estético.
Curiosidad: Un verdadero esteta del futbol soccer, además de extraordinario jugador en toda la extensión del campo, como se le ve en el Real Madrid, es Hugo Sánchez; y claro, se entrenó en el arte de la gimnasia (una variante de danza-deporte, puede decirse), con su olímpica hermana, Herlinda.
Dejando de lado Yale-Princeton Football Game (1898), composición de Yves Charles Ives que se refiere al juego gringo, no al juego mundial, la del compositor ruso es una música que suena totalmente a Shostakovich, su Opus 22. Esto, sin dejar de ser un auténtico ballet con música bella, vibrante, imponente, básicamente tonal con asomos atonales y cromatismos, vigorosamente rítmica, el uso frecuente de la sección de metales tan gustada por el autor, y la incorporación de estilos musicales no soviéticos prohibidos por Stalin; por ello, la obra fue censurada en su tiempo.
El programa de la transmisión del ballet en 2017 por Medici.TV, señala respecto del giro del libreto de origen (1930) y su adaptación (1982): “Creado en 1930, L’Âge d’or (La edad de oro) es una obra moderna y visionaria que explora un escenario al mismo tiempo satírico y político. Con música de Shostakovich, el argumento de este ballet se desarrolla alrededor de un equipo soviético de futbol y de obreros que se unen y rebelan contra la corrupta burguesía occidental. Marcadamente inspirada por danzas y músicas europeas (danzas prohibidas en la URSS, como el can-can y el tap), la pieza fue censurada por el régimen estalinista. En 1982, Yuri Grigorovich, el célebre director del Ballet del Teatro Bolshoi reescribe el libreto y lo adapta como un homenaje a la gloria soviética pasada, situando la acción en 1920, en un restaurante de nombre L’Âge d’or”.
La edad de oro (Op. 22), es originalmente un ballet en tres actos y seis escenas compuesto por Dmitri Shostakovich con libreto de Alexander Ivanovsky. Estrenado en el Teatro Kirov en octubre de 1930, la coreografía estuvo a cargo de Vasili Vainonen (primer acto), Leonid Jacobson (segundo acto), y V. Chesnakov (tercer acto).
En su versión original, La edad de oro representa “una sátira sobre los cambios políticos y culturales en la Europa de los años veinte. Narra la historia de un equipo de futbol soviético en una ciudad occidental, donde entran en contacto con numerosos personajes políticamente incorrectos y antagonistas… El equipo es víctima de amaño de partidos, acoso policial y encarcelamiento injusto por parte de la malvada burguesía. El equipo es liberado de prisión cuando los trabajadores locales derrocan a sus amos capitalistas. El ballet culmina con una danza de solidaridad entre los trabajadores y el equipo de fútbol” (Wikipedia).
Shostakovich realizó una Suite de la obra (Op. 22ª) en cuatro movimientos y reutilizó parte de su música para otras obras, pero en 1982 y 2006, junto con su nueva puesta en escena, el ballet original sufrió cambios en el libreto e incluso en la música. Algo sin duda no tan grato, pues la intención original es la apuesta, es la búsqueda del compositor en este caso en colaboración con el libretista y el coreógrafo. No por nada, siendo Shostakovich mismo un aficionado e incluso cronista deportivo apasionado de ese juego de pelota, compuso la obra estableciendo una frase que se le atribuye, “el futbol es el ballet de las masas”.
Valdrá la pena encontrar eventualmente la coreografía original, o acaso logre reponerse. Mientras, tanto por el mero goce de la música como por la calidad interpretativa de los bailarines, aquí está la versión de 1982 con el libreto en dos actos de Isaak Glikman y Yury Grigorovich, y la coreografía de este. La escena ha sido trasladada la URSS, a la década de 1920 como ya se explicó arriba. Aquí va, orquesta y ballet del Teatro Bolshoi, versión 1982, presentación de 2017:



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Columna de Héctor Palacio
Foto Especial
clh
