
Las relaciones en materia de seguridad entre México y Estados Unidos volvieron a colocarse en el centro del debate luego de que un alto funcionario estadounidense destacara cambios en la forma de cooperación entre ambos países, especialmente en el trabajo conjunto contra el crimen organizado en la frontera compartida.
Durante una comparecencia ante el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, expuso que ha percibido una mayor disposición del actual gobierno mexicano para mantener canales de coordinación con Washington en temas relacionados con seguridad fronteriza, tráfico de drogas y combate a grupos delictivos.
Llegan a Puebla los primeros pasajeros del vuelo directo desde NewarkLocalizan a tres montañistas perdidos en el Pico de OrizabaEl funcionario aseguró que recientemente sostuvo encuentros en la Ciudad de México con la presidenta Claudia Sheinbaum y miembros de su gabinete, donde se abordaron diversos temas de la agenda bilateral en materia de seguridad. De acuerdo con su versión, estas reuniones reflejan una etapa de comunicación más fluida entre ambas administraciones, aunque reconoció que México mantiene una postura firme en la defensa de su soberanía nacional.
Mullin comparó este nivel de colaboración con el de la administración anterior, señalando ante legisladores estadounidenses que actualmente observa una actitud más abierta al trabajo conjunto. Sin embargo, no detalló acuerdos específicos ni acciones puntuales derivadas de dichas reuniones.
En su intervención, el funcionario también se refirió a la compleja situación que se vive en la frontera entre ambos países, donde, según dijo, operan múltiples organizaciones criminales con presencia e influencia en el tráfico de drogas, armas y dinero. Estimó que al menos nueve cárteles tendrían actividad en esa franja territorial, lo que representa uno de los principales desafíos para las autoridades de seguridad.
Explicó que estos grupos delictivos funcionan con estructuras amplias y redes que cruzan ambos lados de la frontera, lo que les permite mantener operaciones de contrabando a gran escala. Este esquema, añadió, dificulta las labores de contención, ya que no se trata de células aisladas sino de organizaciones con capacidad logística y financiera considerable.
Mullin también destacó que la cooperación entre agencias estadounidenses como la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y unidades especializadas en seguridad nacional, junto con autoridades mexicanas, ha permitido la realización de operativos conjuntos. Según su exposición, estos trabajos han derivado en decomisos relevantes de drogas y armamento, así como en la detención de personas vinculadas con estructuras criminales.
Aunque el funcionario presentó estos resultados como parte del avance en la cooperación bilateral, el fenómeno del crimen organizado en la región sigue siendo complejo. Analistas en temas de seguridad han señalado en distintos estudios que el tráfico de drogas sintéticas, como el fentanilo, así como el flujo ilegal de armas hacia México, continúan alimentando la violencia en diversas zonas del país.
La frontera entre México y Estados Unidos sigue siendo un punto estratégico y de alta presión para ambas naciones, no solo por el intercambio comercial y migratorio, sino también por la actividad de redes criminales que operan de manera transnacional.
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