Ciudad de México, México.— La búsqueda de personas desaparecidas representa para muchos padres una carga que va más allá de recorrer caminos, acudir a protestas o participar en jornadas de localización. Con el paso del tiempo, esta labor también ha significado enfermedades, dificultades económicas, pérdida de empleos y un fuerte agotamiento emocional, de acuerdo con testimonios difundidos durante la presentación del estudio “Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores”, elaborado por Fundar.
Cirilo Díaz, quien desde hace 17 años busca a su hijo desaparecido, relató que el paso de los años ha dejado consecuencias profundas entre quienes siguen intentando encontrar a sus familiares. Señaló que algunos padres han muerto sin lograrlo, mientras otros enfrentan padecimientos que se han agravado durante el proceso. En ese mismo sentido, Miguel Ángel Trujillo compartió que continúa en la búsqueda pese a haber sido diagnosticado con cáncer hace dos años, y subrayó que los hombres también padecen cansancio físico y emocional mientras participan en labores de campo.
Guardería ABC: justicia sin fecha de caducidadConcluye paro y protesta de la CNTEEl impacto económico es otro de los aspectos que atraviesan a los padres buscadores. José Luis Castillo, quien busca a su hija desde 2019, explicó que tanto hombres como madres buscadoras suelen financiar con sus propios recursos las actividades necesarias para localizar a sus seres queridos. Esto incluye traslados entre estados, estancias en condiciones difíciles y colectas para reunir dinero que permita continuar con las búsquedas.
La investigadora Alejandra Ramírez, de Fundar, expuso que la desaparición de un familiar coloca a los padres ante una presión particular, relacionada con los roles que socialmente se les han asignado como proveedores, figuras de autoridad y protección. Esa carga, explicó, puede derivar en sentimientos de culpa, al considerar que fallaron en el cuidado de sus hijas o hijos.
A las afectaciones emocionales y económicas se suma la dificultad de mantener un empleo estable. Ignacio Alemán relató que ha perdido trabajos por acudir a jornadas de búsqueda, aunque afirmó que no dejará de buscar a su hermano. Carlos Ramírez también señaló que algunos hombres enfrentan obstáculos laborales o evitan integrarse plenamente a estas actividades por temor a que su participación afecte su empleo o les impida conseguir uno más estable.
Los participantes coincidieron en que su labor forma parte del mismo esfuerzo que realizan las madres buscadoras. Aseguraron que no buscan reconocimiento personal ni protagonismo, sino hacer visibles las condiciones que enfrentan y la necesidad de contar con apoyo para seguir buscando a sus familiares desaparecidos.
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Djs