
Emiratos Árabes Unidos.— El estrecho de Ormuz volvió a convertirse en uno de los principales focos de riesgo para la economía internacional debido a las tensiones en Oriente Medio y a su importancia para el transporte de petróleo y gas natural licuado.
Esta ruta marítima conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Por ella circula una parte significativa del crudo comercializado a nivel mundial, por lo que cualquier interrupción puede tener consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía.
Europa obliga a Google a abrir Android a asistentes de inteligencia artificial rivalesChina pide a EU cambiar política hacia Cuba en medio de nuevas tensionesLa relevancia del paso no depende únicamente de la cantidad de embarcaciones que lo atraviesan. Algunos de los mayores productores de petróleo de la región utilizan Ormuz para enviar sus exportaciones hacia Asia, Europa y otros mercados internacionales.
Las alternativas disponibles, entre ellas oleoductos que atraviesan Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, permiten desviar una parte de los cargamentos, pero no tienen capacidad suficiente para sustituir por completo el tránsito habitual del estrecho.
Una crisis no necesita cerrar totalmente la ruta para afectar los mercados. Las amenazas contra barcos, el aumento de los seguros marítimos, los retrasos y la necesidad de reforzar la seguridad pueden elevar los costos de transporte incluso si las exportaciones continúan.
A esto se suma la reacción anticipada de los mercados. Una advertencia de bloqueo, un ataque contra instalaciones energéticas o una escalada militar pueden impulsar las cotizaciones antes de que exista una reducción real del suministro.
El efecto tampoco se limita al precio del crudo. Ormuz es una vía estratégica para el comercio de gas natural licuado, especialmente hacia países asiáticos que dependen de las importaciones para generar electricidad y abastecer a su industria.
El aumento del petróleo puede trasladarse rápidamente al costo de la gasolina, el diésel, el transporte de mercancías y los vuelos. También puede afectar la producción de plásticos, productos químicos y otros bienes derivados del crudo.
Los alimentos representan otro punto de riesgo. La agricultura depende de combustibles para la maquinaria, el traslado de cosechas y la refrigeración, además de fertilizantes cuya fabricación requiere grandes cantidades de energía.
Un incremento prolongado de los costos energéticos puede elevar la inflación y reducir el poder adquisitivo de las familias. Las empresas, por su parte, enfrentan mayores gastos de producción y distribución que pueden trasladar parcialmente a los consumidores.
Los países importadores de energía son los más vulnerables, especialmente aquellos con monedas débiles o recursos fiscales limitados. Como el petróleo se comercializa principalmente en dólares, una depreciación de la moneda local puede intensificar el encarecimiento.
Los gobiernos que subsidian los combustibles también pueden enfrentar una presión adicional sobre sus finanzas públicas. En cambio, si permiten que los precios internacionales se reflejen directamente en el mercado interno, el impacto llega con mayor rapidez a los hogares y empresas.
Las economías exportadoras pueden beneficiarse de mayores ingresos, aunque tampoco quedan libres de riesgos. Sus terminales, refinerías, oleoductos y puertos pueden convertirse en objetivos durante una escalada regional.
Las reservas estratégicas de petróleo permiten a algunos países amortiguar interrupciones temporales, pero no pueden sustituir de manera indefinida la producción perdida ni resolver una crisis prolongada.
El comportamiento de los precios dependerá de factores como la duración de las tensiones, el volumen de barcos que continúe atravesando Ormuz, la capacidad de otros productores para aumentar su oferta y la evolución de la demanda mundial.
Mientras la ruta permanezca expuesta a amenazas, el estrecho de Ormuz continuará siendo un punto capaz de alterar el costo de la energía y extender sus efectos hacia el transporte, los alimentos, la inflación y el crecimiento económico mundial.