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Sábado, 11 de Julio de 2026

Oficio y firmeza en Washington: Marcelo Ebrard, el negociador que México necesita

La conducción firme de Sheinbaum y el oficio negociador de Marcelo Ebrard son una de las principales fortalezas de México frente a los desafíos de la economía internacional
Sábado, 11 de Julio de 2026 06:44
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Municipios Puebla

El éxito económico no ocurre por casualidad.

Es consecuencia de políticas públicas que generan estabilidad, certidumbre y confianza para invertir. Pero esos logros también deben defenderse todos los días en las mesas de negociación internacional.

El verdadero poder en una frase: ‘no ser mamón’El gobierno ya encontró cómo financiarse: dejar de pagar

Los doce indicadores presentados recientemente por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo muestran que México atraviesa uno de los momentos económicos más sólidos de las últimas décadas. Nuestro país ya se ubica entre las diez naciones con mayor captación de Inversión Extranjera Directa; el intercambio comercial con los Estados Unidos alcanzó los 839 mil millones de dólares, consolidándonos como su principal socio comercial; el empleo formal registra cifras históricas y México se ha convertido en uno de los principales destinos mundiales para el nearshoring y el friendshoring.

Conservar ese dinamismo exige mucho más que buenos indicadores.

Exige defender todos los días la confianza de los inversionistas, la certidumbre jurídica y la integración económica de América del Norte.

Por ello resulta tan importante el papel que hoy desempeña el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.

Tuve oportunidad de verlo hace apenas unos días, antes de su más reciente viaje a Washington. Lo encontré como siempre: sereno, seguro, concentrado y profundamente optimista. Con la tranquilidad que da el conocimiento de los temas, el dominio de la negociación y la convicción de que puede traer buenos resultados para México y para la presidenta Claudia Sheinbaum.

Su reciente reunión con el Representante Comercial de los Estados Unidos, Jamieson Greer, dejó avances concretos.

Las delegaciones acordaron mantener abiertas las mesas técnicas para la revisión del T-MEC; avanzaron en temas relacionados con reglas de origen, acero, aluminio, industria automotriz, agricultura, medio ambiente y asuntos laborales; además de fortalecer los mecanismos de implementación del tratado y la coordinación regulatoria entre ambos países.

Pero quizá el resultado más importante fue otro.

La propia oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos redujo la incertidumbre al aclarar que el nuevo mecanismo de revisiones periódicas no pretende cancelar ni sustituir el T-MEC, sino mantener un proceso permanente para actualizarlo y fortalecer la relación comercial entre ambos países.

En diplomacia económica, reducir la incertidumbre también es un resultado. Y ese resultado puede traducirse en miles de millones de dólares de inversión.

No debe olvidarse que el T-MEC representa una de las regiones económicas más importantes del planeta. Integra un mercado de más de 510 millones de habitantes y una economía superior a 30 billones de dólares, equivalente a casi una tercera parte del Producto Interno Bruto mundial.

Cada día cruzan la frontera entre México y los Estados Unidos mercancías con un valor cercano a 2 mil 300 millones de dólares.

Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino el mercado estadounidense y, al mismo tiempo, alrededor del 40% del valor de muchas exportaciones mexicanas incorpora insumos producidos en los propios Estados Unidos.

Eso significa que la relación económica entre ambos países ha evolucionado profundamente.

La industria automotriz es el mejor ejemplo. Un vehículo puede cruzar la frontera entre México, Estados Unidos y Canadá hasta ocho veces antes de llegar al consumidor final. Su motor puede fabricarse en un país, su transmisión en otro y su ensamblaje concluir en un tercero. Esa es la esencia de Norteamérica: producir juntos para competir juntos.

Por ello, Marcelo Ebrard defendió temas esenciales para la competitividad regional: la revisión de los aranceles al acero y al aluminio establecidos bajo la Sección 232; el reconocimiento del contenido regional del 75% previsto en el T-MEC para la industria automotriz; la lucha contra la triangulación comercial y la armonización de las medidas comerciales con las obligaciones del tratado.

Otro dato merece destacarse.

Hace apenas unos días, el propio Marcelo Ebrard informó que, de los 54 temas originalmente planteados por los Estados Unidos para la revisión del tratado, hoy permanecen 14 asuntos pendientes, mientras México mantiene 13 prioridades propias dentro de la negociación.

En una negociación de esta magnitud, reducir diferencias también significa prevenir conflictos futuros.

Marcelo Ebrard ha demostrado que su capacidad negociadora está plenamente alineada con la estrategia económica encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum. No negocia en nombre propio; negocia en representación del Estado mexicano y con absoluta lealtad institucional.

El próximo 20 de julio iniciará en la Ciudad de México una nueva ronda presencial de negociaciones con la visita de Jamieson Greer.

México llega a esa etapa fortalecido.

Llega con estabilidad macroeconómica, finanzas públicas sanas, niveles históricos de inversión extranjera, una posición privilegiada para aprovechar el nearshoring y el friendshoring, una red de tratados comerciales con más de cincuenta países y una integración productiva con Norteamérica que ninguna otra región del mundo puede replicar.

Porque cada palabra acordada en una mesa de negociación representa inversiones, empleos y oportunidades para millones de familias.

La conducción firme de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el oficio negociador de Marcelo Ebrard constituyen hoy una de las principales fortalezas de México frente a los desafíos de la economía internacional.

Porque en Washington no solo se negocian tratados.

Se protege la competitividad de Norteamérica. Se defienden millones de empleos. Se fortalece la confianza de los inversionistas.

Y se confirma una realidad que hace apenas unas décadas parecía imposible: México y los Estados Unidos ya no son únicamente vecinos ni socios comerciales. Hoy somos economías que producen juntas. Somos coproductores.

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Columna de Juan Sabines Guerrero en SDP Noticias

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