
El aumento en las emisiones contaminantes derivadas de la extracción de hidrocarburos por parte de Petróleos Mexicanos ha encendido alertas entre organizaciones ambientalistas, que advierten un posible agravamiento del problema si en el futuro se amplía el uso de técnicas como la fractura hidráulica, conocida como fracking.
De acuerdo con datos de la propia empresa, durante el primer trimestre de 2026, de enero a marzo, Pemex registró incrementos significativos en la emisión de gases contaminantes: un 14.4% más de dióxido de azufre, un 51.2% más de metano y un 37.7% más de dióxido de carbono (CO₂), todos asociados a procesos de extracción de hidrocarburos.
Puebla Capital mantiene servicio de recolección de basuraSuspenden recolección de residuos sólidos en Cholula tras derrame de lixiviados en ChiltepequeEstos incrementos han sido señalados por organizaciones civiles como un foco de preocupación, debido al impacto que estos gases tienen en el cambio climático y la calidad del aire. Especialistas advierten que el metano, en particular, tiene un efecto mucho más potente que el dióxido de carbono en el calentamiento global durante sus primeros años en la atmósfera.
La integrante de la Alianza Mexicana contra el Fracking, Alejandra Jiménez Ramírez, explicó que la expansión de la explotación de gas fósil podría derivar en un mayor uso de esta técnica, la cual implica la liberación de grandes cantidades de gases de efecto invernadero. Señaló además que el metano puede ser hasta 86 veces más contaminante que el CO₂ en un periodo de 20 años, lo que incrementa el riesgo ambiental.
De acuerdo con la activista, el proceso de fractura hidráulica no solo incrementa emisiones, sino que también genera liberación de sustancias como el dióxido de azufre, el cual puede tener efectos nocivos en la salud humana, al estar relacionado con daños al sistema respiratorio y otros riesgos sanitarios.
En contraste, el gobierno federal ha defendido la posibilidad de explorar un modelo de fracking “sustentable”, apoyado en nuevas tecnologías que, según su postura, podrían reducir los impactos ambientales. Sin embargo, esta visión ha sido cuestionada por organizaciones ambientales.
La directora de la organización Nuestro Futuro, Nora Cabrera, afirmó que el “fracking sustentable” no es viable, al considerar que se trata de una tecnología con impactos irreversibles en los territorios donde se implementa, además de que su uso implica altos niveles de consumo de agua.
En ese sentido, la organización ha advertido que la técnica puede requerir entre 5 y 10 millones de litros de agua por cada extracción, lo que genera preocupación en regiones del norte del país, como Coahuila, donde ya existe estrés hídrico y competencia por el recurso entre distintos sectores productivos.
Otro de los puntos señalados es el posible impacto en la disponibilidad de agua para actividades como la agricultura y la ganadería, lo que abre un debate sobre la distribución del recurso en zonas donde la escasez es un problema creciente.
En este contexto, Pemex y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático) firmaron un convenio de colaboración enfocado en la protección ambiental y el intercambio de información sobre monitoreo de contaminantes, calidad del aire y análisis de suelo.
El acuerdo contempla el desarrollo de proyectos conjuntos de investigación científica y tecnológica relacionados con el cambio climático y la mitigación de impactos ambientales, dentro de las capacidades técnicas y presupuestales de ambas instituciones.
Foto ilustrativa
xmh