
En un artículo de mil palabras —el de hoy jueves en El Financiero—, Raymundo Riva Palacio ha utilizado poco más de 200, el 20% de ese texto, para insultar, descalificar sin argumentos y hasta calumniar a la presidenta Claudia Sheinbaum. Veamos:
Riva Palacio compara a la presidenta que “se hizo chiquita” con el gigante primer ministro de Canadá, Mark Carney. Es un recurso típico del periodismo que no analiza las cosas con objetividad, sino con la intención de que la gente que lee se alinee con el lado que el columnista considera correcto.
La SEP: el basurero político de MorenaDiplomacia quebrada: México a la derivaAquí hay narcisismo. Pero el narcisista no es el primer ministro Carney, sino el columnista Riva Palacio, quien se sitúa a sí mismo en un nivel superior a la presidenta Sheinbaum, lo que es ridículo.
La simple comparación de biografías demuestra que el tamaño —ético, político, intelectual— de Claudia Sheinbaum es mucho muy superior al de Raymundo Riva Palacio:
Queda claro el por qué del narcisismo de Riva Palacio, expresado en sus textos que elabora desde la superioridad intelectual que a sí mismo se otorga: es una máscara para ocultar su frustración de que no tendrán en realidad ningún impacto sus críticas a una persona, Sheinbaum, objetivamente mucho más preparada e importante que él.
Es la razón de que este columnista tan dañado por el narcisismo escriba desde una supuesta superioridad, que de ninguna manera tiene, para comparar con insultos el discurso del primer ministro canadiense con la inasistencia de la presidenta mexicana a Davos, Suiza.
Raymundo no es tan tonto como para ignorar algo sencillo de entender: que la relación de México y Canadá con Estados Unidos responde a variables diplomáticas y comerciales siempre muy complejas, pero muchísimo más en los tiempos de Trump.
Podría funcionarle —o podría perjudicarle— a Mark Carney enfrentar a Donald Trump como niño héroe que se lanza al vacío envuelto en su bandera, la bella The Maple Leaf. Es otra, creo que más prudente e inteligente, la estrategia de Claudia Sheinbaum, quien por cierto elogió el discurso del canadiense en Davos: la presidenta de México no arriesgará la solidez de los acuerdos con EEUU solo para que le aplauda una prensa que, de cualquier modo, la desprecia porque, la verdad sea dicha, desde 2018 perdió privilegios económicos con la llegada de la izquierda a la presidencia.
Ayer la presidenta Sheinbaum hizo varias preguntas a la comentocracia que tanto dice que ella está entre la espada y la pared porque no entrega narcopolíticos a Estados Unidos: “¿De dónde tienen esa información? ¿Quién se las dijo? ¿Cuál es su fuente? ¿De dónde? O sea, ¿de dónde sacan tanta mentira, tanta mentira?”.
Los y las periodistas no responderán, pero no por dejar a salvo a sus fuentes, sino simple y sencillamente porque no hay fuentes: se trata de inventos.
Todos conocemos la respuesta a la pregunta que no hizo Claudia Sheinbaum: ¿Por qué miente tanto la comentocracia mexicana? Lo sabemos, ya lo dije aquí mismo: porque con los dos gobiernos de izquierda, medios y columnistas famosos han perdido dinero, y no poco: muchísima lana que les daban el PRI y el PAN.
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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
Foto SDP
clh
