
Me entero por el sitio de internet Recitativo de que Kim Jong-suk, abuela del dictador de Corea del Norte, es la figura que inspiró la ópera Mar de sangre, basada en la lucha antijaponesa y en el origen mitológico —es decir, construido políticamente con toda clase de falsedades— del Estado norcoreano.
Estrenada en 1971, la composición de esta ópera se debe a un colectivo de autores subordinados al régimen; la dirección ideológica corrió a cargo de Kim Jong-il —artífice de la teoría de la ópera revolucionaria—; el crédito de autor oficial se le otorgó a Kim Il-sung, abuelo del actual gobernante, Kim Jong-un.
¿Cuál es el colmo del Ejército?Por su arraigo y peso institucional y hasta musical, esta pieza bien puede considerarse un segundo himno nacional en Corea del Norte.
Tras escucharla en YouTube, debo decir que en mi opinión posee calidad artística, a pesar de que su función sea nada más propagandística.
No es el único caso: existen otras composiciones de profundo carácter político e ideológico, como La Internacional —antiguo emblema del movimiento comunista mundial y de la Unión Soviética—, que también considero pose valor musical.
Los himnos patrios tienen la virtud de conmover a los ciudadanos. De ahí surge, en gran medida, la fascinación que despiertan las máximas justas deportivas de la humanidad, ya sea el Mundial de Futbol, los Juegos Olímpicos o el Tour de Francia. Dejo fuera de esta lista a los espectáculos estadounidenses como el Super Bowl o las Grandes Ligas de beisbol, debido a que en ellos solo se escucha el himno de EEUU —un tema hermoso, hay que admitirlo, aunque por debajo del mexicano y el francés—; al carecer de canciones de otros países, sus ceremonias pierden emotividad.
En México cumplimos con el protocolo de cantar nuestro Himno Nacional en actos oficiales, en asambleas escolares y en competencias deportivas internacionales.
El nuestro es un país afortunado: durante los partidos de la Selección surge, del pueblo en las tribunas, un segundo canto que la gente entona de forma espontánea, sin necesidad de que nadie lo programe por los altavoces: el Cielito Lindo. Ese “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores” resulta sencillamente maravilloso en la atmósfera de los estadios. Ojalá se continúe escuchando con fuerza, lo que significaría que México siguiera ganando y avanzando en la Copa FIFA.
Ahora cambio de torneo y de deporte, pero sigo en la misma línea del nacionalismo mexicano.
El próximo sábado arranca en Barcelona el Tour de Francia; sí, inicia esta vez en España antes de adentrarse en territorio galo. Si la suerte acompaña a un ciclista de clase mundial de nuestra patria, Isaac del Toro, es muy probable que veamos ondear la bandera y resonar el Himno Nacional de México, pero difícilmente escucharemos el Cielito Lindo: habrá poca afición mexicana en las calles de la capital de Cataluña. Una pena. Con el tiempo, seguro habrá más compatriotas que se interesen en el ciclismo de élite.
El negocio de las franquicias políticas
En México, el sistema electoral permite que los partidos políticos operen, en la práctica, como franquicias de propiedad privada mucho más rentables que casi cualquier otro negocio. Mantener el registro de un partido —incluso uno pequeño— garantiza millones de pesos en prerrogativas, candidaturas plurinominales aseguradas para las cúpulas y capacidad de negociación para vender caros sus apoyos de coalición.
Este modelo de mercantilismo político ha sido perfeccionado por el Partido Verde, de Manuel Velasco y El Niño Verde; por Movimiento Ciudadano, de Dante Delgado; por el PRI actual, el de Alito Moreno; y en su momento, por el PRD de Los Chuchos —entre ellos Guadalupe Acosta Naranjo—.
Somos MX, encabezado por ese gran comerciante de la política que es Acosta Naranjo, ha nacido para enriquecer a unos pocos que se aprovechan de la buena fe de gente de círculos intelectuales, del activismo de la sociedad civil, de la anterior SCJN y demás personas engañadas por una retórica supuestamente democrática que de ninguna manera le queda al experredista.
Sin ingenuidades, debe decirse que Somos MX perjudicará al PAN, al PRI y a MC en 2027. Ocurrirá así porque el instituto político cuyo accionista principal es Acosta Naranjo dividirá el voto de la oposición.
No logrará Somos MX mucho más del 3% de los sufragios, pero si llega a ese porcentaje su dirigencia quedará satisfecha: el negocio estará completamente asegurado.
Somos MX no debilitará a Morena; al contrario, ayudará al partido de izquierda porque restará sufragios a la oposición más importante, particularmente al PAN.
Si Somos MX pasa la prueba del 2027 —así sea con una proporción pequeña de los votos, pero suficiente para conservar el registro— tendrá larga vida subsidiado por un Estado que, inexplicablemente, no ha decidido eliminar de un solo golpe a tantos partidos parásitos.
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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
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