Ciudad de México. — Los constantes traslados en jet privado de Gianni Infantino durante el Mundial 2026 colocaron nuevamente a la FIFA bajo cuestionamientos por el impacto ambiental del torneo, cuya edición se disputa en México, Estados Unidos y Canadá con un formato ampliado que exige recorridos de larga distancia entre sedes.
El presidente de la FIFA ha intentado asistir a la mayor cantidad posible de partidos y, de acuerdo con reportes internacionales, cuenta con acceso a una aeronave privada de Qatar Airways como parte del acuerdo de patrocinio entre la aerolínea y el organismo rector del futbol mundial. The Guardian informó que Infantino busca presenciar hasta dos encuentros por día cuando la agenda lo permite, una dinámica que contrasta con el Mundial de Qatar 2022, donde las distancias entre estadios eran considerablemente menores.
Sheinbaum desmiente a Ken Salazar; AMLO temía injerencia de EU y no al Mayo ZambadaEl otro Mundial: líderes globales (Selección Ideal). Gol de la SEDENALa polémica creció después de que el dirigente apareciera en estadios de ciudades como Ciudad de México, Guadalajara, Los Ángeles, San Francisco, Vancouver, Seattle, Kansas City y Houston. Según un despacho de AFP retomado por New Straits Times, Infantino acumuló presencia en 10 partidos durante los primeros siete días del torneo, lo que intensificó las críticas de especialistas y organizaciones ambientales.
La empresa Greenly, especializada en medición de huella de carbono, estimó que si el presidente de la FIFA mantiene una agenda de dos ciudades por día hasta el cierre de los octavos de final y después acude a los últimos ocho partidos, el uso del avión podría generar entre 300 y 500 toneladas de CO₂ durante la Copa del Mundo. La FIFA ha defendido los traslados de sus directivos al señalar que la elección entre vuelos comerciales y privados se realiza con base en criterios de eficiencia y costo.
El caso de Infantino se convirtió en símbolo de una discusión más amplia sobre el modelo del Mundial 2026. Por primera vez, la competencia reúne a 48 selecciones y contempla 104 partidos distribuidos en 16 ciudades de tres países, lo que incrementa la dependencia del transporte aéreo para equipos, aficionados, medios y representantes del propio organismo. Reuters reportó que Greenly calcula una huella de 7.8 millones de toneladas de dióxido de carbono para el torneo, con hasta 87% de las emisiones asociadas a los viajes.
Otras estimaciones elevan aún más la alerta. Scientists for Global Responsibility, junto con organizaciones colaboradoras, calculó que el Mundial 2026 podría generar 9.02 millones de toneladas de CO₂ equivalente, casi el doble del promedio atribuido a las Copas del Mundo celebradas entre 2010 y 2022. El mismo análisis atribuye 7.72 millones de toneladas al transporte aéreo, el principal componente de la huella climática del torneo.
Aunque FIFA ha promovido el uso de estadios existentes y medidas de sostenibilidad en la organización del evento, ambientalistas advierten que la dispersión geográfica del calendario contradice esos esfuerzos. Para sus críticos, el uso recurrente de vuelos privados por parte de la dirigencia no solo agrava las emisiones, sino que proyecta una imagen opuesta al discurso climático que el organismo ha intentado sostener en los últimos años.
La controversia deja a la FIFA frente a una presión creciente: explicar cómo compensará o reducirá el impacto ambiental de un torneo histórico por su tamaño, pero también señalado como uno de los más contaminantes en la historia del futbol.
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Foto: Especial
Djs