
Una cosa es equivocarse. Otra muy distinta es negarse a reconocer que uno se equivocó. La primera le ocurre a cualquier gobierno. La segunda define al régimen emanado de Regeneración Nacional.
En la 4T nadie se equivoca. Nadie sabía. Nadie vio. Nadie era responsable. Siempre existe una explicación alternativa, un culpable sustituto o un pasado al que todavía se le pueden seguir cargando las culpas siete años después de haber llegado al poder. En caso de que ni eso funcione, entra en operación el “reservado por cuestiones de seguridad nacional…”.
EU mantiene bloqueo naval contra Irán pese a pausa en bombardeosConoce el mapa de estaciones que no cumplen con tope en los precios del DiéselEste mecanismo cíclico es tan socorrido que ya dejó de sorprendernos.
Ahí están las explicaciones que han marcado al morenismo: antes robaban más; la corrupción ya se acabó; el problema es culpa del neoliberalismo; nadie podía imaginar lo ocurrido; todo es una campaña de la oposición. Y cuando ninguna de esas respuestas alcanza, siempre queda el recurso más cómodo: fingir sorpresa.
En la 4T los errores nunca tienen autor.
La prueba más reciente apareció en Reynosa, Tamaulipas. En este caso, no estamos hablando de un tambo escondido en un patio ni de una toma clandestina improvisada. Las autoridades federales finalmente aseguraron una instalación con cerca de cuatro millones de litros de hidrocarburos, once tanques móviles de almacenamiento, siete tanques verticales, motobombas, tractocamiones, pipas y generadores eléctricos.
La pregunta no es cómo la descubrió el Ejército. La verdadera pregunta es por qué no la habían visto antes.
Una infraestructura de esa magnitud no aparece después de una tormenta, como si fuera un hongo. Requiere semanas, probablemente meses de construcción, movimiento constante de vehículos, personal, combustible, logística y dinero. Requiere de sobornos —nada pequeños— a una autoridad. Sin embargo, en su momento ninguna —ni municipal ni estatal ni federal— detectó absolutamente nada.
Ni presidencia ni su gobierno parecen preguntarse quién permitió que existiera.
Y como si una refinería clandestina fuera poca cosa, ese mismo día las fuerzas federales localizaron otro predio con más de cien mil litros de combustible y equipo para procesarlo.
Tampoco ese lo había visto nadie.
La historia se repite con una precisión casi matemática.
Aparece un huachitúnel en Hidalgo y nadie sabía de su existencia.
Durante años opera La Barredora en Tabasco y, según nos dicen, nadie sabía quién la encabezaba.
Más de 140 días lleva el incendio del pozo KREM-1 de Pemex, en Las Choapas, Veracruz. Ha muerto fauna, se han perdido cultivos, hay pobladores enfermos y arroyos contaminados. La respuesta oficial sigue siendo que “avanza el cierre definitivo”. Sobre responsabilidades, silencio absoluto.
Lo mismo ocurre con el desabasto de medicamentos, que oficialmente casi no existe, aunque millones de pacientes lo padezcan todos los días.
O con el deterioro ambiental provocado por el Tren Maya. Bosques desmontados, cenotes afectados, ecosistemas alterados…, pero nunca aparece un funcionario dispuesto a asumir el costo político de las decisiones que tomó.
Cuando los hechos son demasiado evidentes para negarlos, entonces entra en escena otro mecanismo: el chivo expiatorio.
El piloto fue señalado por el descarrilamiento del Tren Interoceánico, aunque hoy las propias autoridades reconocen que deberán modificar el trazo de la vía.
En otros casos basta culpar al pasado, al neoliberalismo, a los adversarios o a cualquier personaje suficientemente útil para absorber el costo político.
Nunca a quienes gobiernan.
Por eso, quizá donde mejor se aprecia este doble rasero es en la justicia. Mientras Ernesto Ruffo enfrenta una Fiscalía extraordinariamente diligente, capaz de actuar con velocidad inusual, la estructura política que durante años convivió con Hernán Bermúdez y La Barredora parece caminar con una tranquilidad admirable.
Las investigaciones avanzan… dependiendo del color del expediente.
Otro ejemplo llegó con el asesinato del alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero. La explicación oficial fue que pertenecía a un grupo criminal y que su muerte obedeció a la disputa entre organizaciones rivales.
La pregunta inevitable no es cómo murió. La pregunta es por qué, si eso era cierto, pudo ser candidato, ganar una elección y gobernar un municipio sin que nadie considerara aquello un problema.
En economía ocurre exactamente lo mismo.
Donald Trump impuso un nuevo arancel y Marcelo Ebrard explicó que “solo” afecta alrededor del quince por ciento del comercio entre México y Estados Unidos.
Solo...
Como si perder una parte de nuestro intercambio comercial fuera motivo de alivio.
Claro que la decisión corresponde a Washington. Pero precisamente por eso habría sido pertinente escuchar del secretario de Economía qué hizo para evitarla, qué negociaciones emprendió o qué estrategia fracasó.
Confidencialidad, a puerta cerrada; cero transparencia, cero rendición de cuentas. Para eso sirve la mañanera…
En lugar de admitir el golpazo, se nos invitó a celebrar el típico “pudo haber sido peor”.
Gobernar bajo la tutela de Claudia Sheinbaum, al parecer consiste en administrar expectativas cada vez más pequeñitas.
Empiezo a pensar que la comparación futbolística ya ni siquiera favorece a la 4T… ¿A qué me refiero? Pues a que se dice que Argentina ganó este Mundial con arbitrajes generosos y decisiones discutibles. Aun así, tenía algo a su favor: Lionel Messi, destellos de gran futbol y un equipo capaz de jugar.
La 4T ni siquiera puede presumir eso.
También juega con el árbitro de su lado, también recibe indulgencias permanentes y, cuando las cosas salen mal, siempre encuentra la manera de pedir que se repita el partido.
La diferencia es que Argentina, cuando mucho, se llevaba entre las piernas el balón y el juego limpio. La 4T se está llevando entre las patas algo mucho más valioso: la responsabilidad pública.
Es muy simple, creo yo. Y con esto concluyo: una democracia puede sobrevivir a funcionarios incompetentes. Lo que difícilmente sobrevive es a un gobierno convencido de que nunca tiene que responder por absolutamente nada de nada.
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Columna d Verónica Malo
Foto: Especial
cdch
