Estados Unidos.— Bryan Johnson, empresario tecnológico conocido por sus experimentos para combatir el envejecimiento, generó polémica al asegurar que creó una versión “recién nacida” de sí mismo con la que pretende probar tratamientos, obtener sangre joven y, eventualmente, cultivar órganos para trasplante.
El multimillonario presentó el proyecto como “Baby Bryan” y afirmó que se trata de un clon suyo conservado en una placa de laboratorio. Sin embargo, la descripción no corresponde a la creación de un bebé, un embrión ni una copia humana completa.
Ansiedad, presión académica y falta de atención: el reto de la salud mental entre universitarios de PueblaJ Balvin debuta como diseñador y presenta su primera colección en Colombiamoda 2026Lo que Johnson habría producido es una línea de células madre pluripotentes inducidas, conocidas como iPSC, obtenidas mediante la reprogramación de células adultas de su propio cuerpo. Este procedimiento permite que las células regresen a un estado semejante al embrionario y posteriormente puedan transformarse en otros tipos celulares.
Las iPSC conservan el material genético del donante y son utilizadas en investigaciones para estudiar enfermedades, evaluar medicamentos y desarrollar tejidos experimentales. Aun así, no poseen conciencia, órganos, anatomía ni capacidad para convertirse por sí solas en una persona.
Johnson sostuvo que estas células podrían servir como una especie de modelo biológico personal para probar terapias antes de aplicarlas en su cuerpo. También planteó la posibilidad de utilizarlas en el futuro para producir sangre, reparar tejidos o generar órganos compatibles con su organismo.
La tecnología tiene aplicaciones científicas reales. Actualmente, los investigadores pueden dirigir células reprogramadas para formar neuronas, células cardiacas, tejido de retina y estructuras tridimensionales conocidas como organoides.
Estos organoides imitan algunas características de órganos como el hígado, el riñón, el intestino o el corazón. No obstante, continúan siendo modelos pequeños y simplificados, empleados principalmente para investigación y pruebas de medicamentos.
La posibilidad de fabricar un órgano humano completo, vascularizado y listo para trasplantarse todavía enfrenta grandes obstáculos. Los científicos deben resolver problemas relacionados con la maduración de los tejidos, la formación de vasos sanguíneos, la estabilidad genética y el funcionamiento prolongado dentro del cuerpo.
También existen riesgos de seguridad. Las células pluripotentes pueden diferenciarse de manera incorrecta, acumular alteraciones o formar tumores si permanecen células inmaduras en el producto que se trasplanta. Por ello, las terapias derivadas de iPSC requieren controles rigurosos antes de probarse en pacientes.
El campo, sin embargo, ha registrado avances importantes. Japón otorgó en 2026 autorizaciones condicionadas para tratamientos elaborados con células reprogramadas destinados a padecimientos cardiacos y a la enfermedad de Parkinson. Estas terapias utilizan células especializadas, no órganos completos ni clones humanos.
Johnson ha convertido la búsqueda de la longevidad en el centro de su imagen pública. Durante los últimos años ha difundido dietas, rutinas médicas, análisis constantes y procedimientos experimentales orientados a reducir su edad biológica.
Su nueva afirmación sigue esa estrategia de comunicación: combina una tecnología auténtica con expresiones como “me cloné” o “mi versión recién nacida”, capaces de atraer atención, pero que exageran el alcance del procedimiento.
En términos científicos, Bryan Johnson no creó un clon humano ni dispone actualmente de una reserva de órganos para rejuvenecer. Lo que tiene es un cultivo de células derivadas de su organismo que, bajo condiciones controladas, podrían utilizarse para desarrollar modelos celulares y explorar tratamientos personalizados.
El proyecto podría tener utilidad para la medicina regenerativa, pero la promesa de producir órganos completos y utilizarlos para revertir el envejecimiento pertenece todavía al terreno experimental. La distancia entre una célula reprogramada y un corazón, hígado o riñón funcional continúa siendo considerable.
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Foto: Especial
Djs