En México, una de las temporadas más esperadas en todo el año es la de Día de Muertos, no solo por todas las festividades tradicionales que conlleva, sino porque su festejo incluye deleitarse con uno de los manjares de gusto más generalizado y en cualquiera de sus presentaciones: el pan de muerto.
Mexicanísimo se presentará el 10 de septiembre en el Auditorio MetropolitanoPuebla, décimo estado con más productores beneficiados en Sembrando VidaDebido a la alta demanda de este producto, es que las panaderías empiezan a desarrollar sus recetas con un mes o más tiempo de anticipación a la celebración tradicional dedicada a los difuntos para que todos los fanáticos de las hojaldras puedan probar este alimento durante una temporada completa.
La versión más conocida en la parte central del país (Ciudad de México, Puebla y Estado de México) es el pan redondo decorado con pequeños “huesos” del mismo material y bañado en azúcar, se caracteriza por su sabor a azahares y mantequilla, cuya combinación con la textura del bizcocho lo hacen irresistible.
Pero la cultura está viva y todas las tradiciones evolucionan. El pan de muerto no es la excepción. Por eso, aún esta versión, que es la más común en el centro, ha dado pie a nuevas variantes o presentaciones con rellenos dulces que le dan nueva textura mucho más cremosa:
Mientras tanto, en algunas zonas del país aún se conservan recetas tradicionales que difieren en forma, textura, decoración, sabor y preparación. Estos van desde los que tienen forma humana (en el estado de Morelos), roscas llamadas golletes (en Puebla), los que cuentan con una carita humana o están “bordados” con flores y otras decoraciones (en Oaxaca) y los que tienen relleno de queso crema (en Yucatán).
Debido al origen prehispánico del Día de muertos, cuya versión de aquellos tiempos, era utilizado con fines rituales, como ofrenda para las deidades del inframundo, pero también para los familiares que ya no se encuentran en esta vida, el pan de muerto tiene un simbolismo que va más allá de un simple alimento.
Es por esto que, junto con las flores de cempasuchitl, el papel picado, la fruta, el incienso, las fotografías, las calaveritas de azúcar y los tamales, el pan de muerto es un elemento protagonista de las ofrendas que los mexicanos dedicamos a nuestros seres queridos que partieron de esta vida.
Hoy en día el pan de muerto relleno o tradicional llega a ser compartido entre familiares y amigos. Incluso existen hogares donde las personas se reúnen para compartir este alimento, que generalmente se acompaña con leche o chocolate caliente. En los centros de trabajo esta forma de celebración también se empieza a convertir en una costumbre como parte de la tradición.
Incluso, el aroma del pan de muerto es, para muchos, un elemento característico del Día de Muertos, una festividad de reconocimiento mundial que es del gusto de mexicanos y extranjeros y cuya influencia cada vez genera mayor pertenencia con la cultura.
En el año 2003, la Unesco, organismo especializado de las Naciones Unidas, reconoció el Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por tratarse de una “expresión tradicional -contemporánea y viviente a un mismo tiempo-, integradora, representativa y comunitaria”.
Con este nombramiento, esta celebración de origen prehispánico, y todos los elementos que incluye, se mantiene aún más viva como parte de las tradiciones que las familias mexicanas preservan con amor por ser parte de la identidad nacional, independientemente de la región o ciudad del país que se habita.
¿Estás listo para dar inicio a la temporada de pan de muerto 2022? ¿Eres fan de la receta tradicional o prefieres las nuevas variantes?
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