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Martes, 28 de Julio de 2026

¿Por qué no crecemos pese al récord exportador?

El éxito exportador ya no debería medirse por el número de dólares que cruzan la frontera, sino por el valor que México logra capturar dentro de cada uno de esos dólares
Martes, 28 de Julio de 2026 08:38
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Municipios Puebla

Las exportaciones mexicanas están batiendo récords. Pero ésa ya no es la noticia más importante.

La pregunta verdaderamente relevante es otra: ¿cuánto valor agregado nacional contiene cada dólar que exportamos?

Las cifras que dio a conocer ayer el INEGI confirman el extraordinario momento del sector exportador.

En junio, las ventas al exterior alcanzaron 72 mil 551 millones de dólares, 34.4 por ciento más que un año antes. En el semestre sumaron 389 mil 723 millones, un alza anual de 24.6 por ciento. Y el superávit comercial acumulado, de 9 mil 857 millones de dólares, multiplica casi por siete el de mil 433 millones del mismo periodo de 2025.

Un dato dimensiona mejor el fenómeno: ese superávit descansa por completo en las manufacturas. La balanza no petrolera acumula un saldo positivo de 25 mil 202 millones de dólares, que compensa un déficit petrolero de 15 mil 344 millones. Sin la plataforma manufacturera, México sería hoy un país deficitario.

Durante tres décadas, cuando hablábamos del éxito exportador de México, en realidad hablábamos de automóviles. Esa historia está cambiando.

En junio, las exportaciones automotrices crecieron 7.6 por ciento; las manufactureras no automotrices, 48.8 por ciento. En el acumulado del semestre, la brecha es todavía mayor: 1.0 por ciento frente a 37.6 por ciento.

La nueva locomotora tiene cada vez más que ver con servidores, equipo de procesamiento de datos e infraestructura para centros de datos, productos ligados a la expansión mundial de la inteligencia artificial. Eso explica el creciente protagonismo de estados como Chihuahua y Jalisco en el nuevo mapa industrial, y el salto de las importaciones provenientes de Taiwán y de otros países asiáticos especializados en electrónica avanzada.

Y un dato más: las ventas a Estados Unidos crecieron 35.8 por ciento en junio, más que las dirigidas al resto del mundo. Ni la escalada arancelaria de Washington ha frenado, hasta ahora, la integración comercial de América del Norte.

Si las exportaciones crecen a tasas cercanas a 25 por ciento en el semestre, ¿por qué la economía mexicana no registra un dinamismo parecido?

La respuesta está en el propio boletín del INEGI. Las importaciones crecieron 28 por ciento en junio y 22 por ciento en el semestre. Casi 80 de cada 100 dólares importados corresponden a bienes de uso intermedio: los insumos que alimentan a las plantas exportadoras. El auge exportador es, al mismo tiempo, un auge importador.

Las aduanas registran el valor total del producto que cruza la frontera. El PIB sólo registra el valor generado dentro de México. Un servidor exportado desde Chihuahua puede incorporar procesadores de Taiwán, memorias de Corea y circuitos de Malasia. Todo ese valor aparece en la estadística de exportación, pero al PIB nacional únicamente se incorpora lo hecho aquí: integración, ingeniería, manufactura, logística, energía y servicios.

No hay ninguna anomalía. Así funciona la economía mundial. La diferencia entre los países ya no consiste en participar o no en las cadenas globales de producción, sino en el lugar que ocupan dentro de ellas.

Durante treinta años, el objetivo fue construir una plataforma manufacturera eficiente, capaz de atraer inversión e integrarse al mercado norteamericano. Se cumplió. El siguiente paso ya no consiste en exportar más, sino en capturar una mayor proporción del valor que generan esas exportaciones.

No se trata de fabricar todos los componentes en México, algo imposible en una economía de cadenas globales. Se trata de atraer las actividades donde realmente se crea el valor: ingeniería, diseño, desarrollo de software, integración de sistemas, investigación, propiedad intelectual y proveedores capaces de fabricar componentes cada vez más sofisticados.

Eso es lo que pretende el Plan México, que realmente no ha despegado.

La industria automotriz ofrece la lección. En tres décadas construyó alrededor de las armadoras una red de autopartes, logística, acero, vidrio e ingeniería que multiplicó la derrama de cada vehículo. La industria ligada a la inteligencia artificial apenas comienza a recorrer ese camino. Ahí estará el verdadero reto de la política industrial de los próximos años.

El éxito exportador ya no debería medirse por el número de dólares que cruzan la frontera, sino por el valor que México logra capturar dentro de cada uno de esos dólares.

Ahí está el reto del nuevo auge exportador.

 

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Columna Coordenadas de Enrique Quintana en El Financiero

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