Ciudad de México.— El Mundial de Futbol 2026 impulsó la exposición de millones de personas a las apuestas deportivas en línea, una actividad que para algunos jóvenes comenzó como entretenimiento, pero que puede derivar en deudas, conflictos familiares y trastorno por juego.
En México, las casas de apuestas anticiparon un aumento importante en las transacciones digitales durante el torneo. Especialistas de la UNAM estimaron que una parte considerable de los aficionados recurriría a plataformas virtuales, favorecidos por la facilidad de apostar desde un teléfono celular.
Javier Milei acusa a Brasil, México y EU de campaña contra ArgentinaInteligencia artificial ayuda a detectar riesgos cardiacos ocultosEl problema no terminó con la final. Las aplicaciones permanecen activas y continúan enviando promociones para apostar en ligas nacionales, futbol europeo, baloncesto, boxeo, beisbol y deportes electrónicos.
Muchos jóvenes ingresan mediante bonos de bienvenida, apuestas gratuitas, recomendaciones de creadores de contenido o anuncios incluidos en transmisiones deportivas. Las plataformas también ofrecen microapuestas sobre jugadas específicas, como tarjetas, tiros de esquina o el próximo anotador, lo que mantiene al usuario tomando decisiones de forma constante.
El riesgo aparece cuando la persona deja de apostar por diversión y comienza a hacerlo para recuperar pérdidas, aliviar ansiedad o repetir la emoción inicial. Entre las señales de alerta se encuentran ocultar gastos, pedir dinero, endeudarse, descuidar los estudios o reaccionar con irritabilidad cuando no puede jugar.
La Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por juego como una condición que puede afectar la economía, la salud mental y las relaciones familiares. La disponibilidad permanente de las plataformas aumenta el riesgo, ya que permite apostar a cualquier hora y desde casi cualquier lugar.
Los jóvenes son particularmente vulnerables porque la publicidad presenta las apuestas como una extensión natural del deporte. Las estadísticas, los pronósticos y las cuotas pueden generar la impresión de que el resultado depende únicamente del conocimiento del usuario, aunque las plataformas mantienen una ventaja matemática.
En México, los juegos con apuestas requieren autorización de la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, el crecimiento de las aplicaciones móviles ha puesto a prueba un marco legal diseñado antes de la expansión de este mercado digital.
En el Congreso se han presentado propuestas para reforzar la verificación de edad, limitar la publicidad dirigida a menores y regular la relación entre casas de apuestas, equipos y competencias deportivas. También existe preocupación por el acceso de adolescentes mediante cuentas de adultos o documentos ajenos.
Otro problema es la presencia de sitios sin autorización clara. Apostar en plataformas irregulares puede dificultar la recuperación de depósitos, el cobro de premios y la protección de los datos personales.
En Puebla, no existen cifras públicas recientes que permitan conocer cuántos jóvenes apuestan con frecuencia o cuántos presentan problemas relacionados con el juego. Esta falta de información limita el diseño de políticas de prevención y atención.
Las consecuencias no se reducen a perder dinero. Algunos usuarios recortan gastos de alimentación o transporte, recurren a préstamos, utilizan tarjetas de crédito o venden pertenencias para continuar apostando.
Una de las conductas más peligrosas es perseguir las pérdidas, es decir, aumentar el monto de las apuestas con la idea de recuperar lo perdido. Esta práctica suele profundizar el daño económico y emocional.
La prevención requiere limitar la exposición de menores, fortalecer los controles de identidad, transparentar las probabilidades y facilitar mecanismos de autoexclusión. También es necesario que familias y docentes conozcan las señales de alerta.
El futbol termina cuando concluye el partido, pero las apuestas permanecen disponibles en la pantalla. Para algunos jóvenes, esa continuidad puede marcar la diferencia entre una actividad ocasional y un problema que afecta sus finanzas, sus estudios y su salud mental.
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Djs