
Lampedusa, Italia.- El papa León XIV afirmó este sábado que los miles de migrantes que han perdido la vida en el mar Mediterráneo no solo son consecuencia de acciones concretas, sino también de omisiones, al señalar que esas muertes están vinculadas con decisiones tomadas y con decisiones que nunca se asumieron.
Durante la misa celebrada en la isla italiana de Lampedusa, el pontífice relacionó la crisis migratoria en el Mediterráneo con la parábola del buen samaritano, al advertir que la indiferencia, los intereses económicos y la falta de políticas eficaces siguen profundizando el sufrimiento de quienes intentan llegar a Europa.
Pronostican lluvias intensas y calor extremo para este sábado en MéxicoLa gracia de gobernarEn su homilía, León XIV señaló que factores como la corrupción en los países de origen, un sistema económico que genera pobreza y exclusión, así como el miedo que alimenta prejuicios y desprecio, forman parte de las causas que mantienen vivo este drama humanitario. También advirtió que la idea de considerar la migración como un problema ajeno, junto con los cálculos de quienes se benefician del sufrimiento de otros y la dificultad para pasar de la atención de emergencias a políticas integrales, reproduce hoy la actitud de quienes pasan de largo ante el dolor.
El papa, que portó una casulla con detalles azules en alusión al mar, recordó el gesto del papa Francisco, quien eligió Lampedusa para su primer viaje apostólico el 8 de julio de 2013. En ese contexto, agradeció a los habitantes de la isla por la cercanía y la ayuda ofrecida a las personas migrantes que llegan a sus costas.
León XIV sostuvo que Lampedusa y la vecina Linosa se encuentran en una ruta peligrosa, semejante al camino bíblico de Jerusalén a Jericó, donde no ha quedado tendida una sola persona, sino miles de seres humanos despojados de todo. Agregó que el mar se quedó con quienes no lograron alcanzar el destino que buscaban, pero cuya memoria sigue interpelando con la misma fuerza que la presencia de quienes sí consiguieron desembarcar y requieren atención.
El pontífice también defendió que la pertenencia religiosa nunca debe ser usada como motivo de discriminación y llamó a construir una civilización basada en el amor. Además, pidió a Europa asumir la responsabilidad histórica y cultural que le corresponde frente al fenómeno migratorio, con una estrategia de largo plazo que integre la atención inmediata con acciones capaces de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes.
De acuerdo con el papa, ese esfuerzo no corresponde únicamente a las instituciones públicas, sino también a la sociedad civil y a la Iglesia. Al recordar su reciente viaje apostólico a Tenerife, España, advirtió que la cultura de la acogida, presente en zonas con vocación turística, puede verse amenazada por las rutas migratorias y derivar en indiferencia o rechazo frente a sus aspectos más dolorosos.
León XIV alertó sobre el riesgo de levantar un muro invisible entre el mar de los náufragos y el mar de los veraneantes, por lo que pidió no permitir que la actividad turística o el descanso opaquen la obligación moral de mirar a quienes sufren. En ese sentido, llamó a pensar de manera distinta y avanzar hacia una economía más justa y fraterna.
El papa reconoció también la labor de instituciones civiles, fuerzas de seguridad y organizaciones como el Forum Lampedusa Solidario, a las que atribuyó una transformación interior guiada por la compasión. Asimismo, saludó a los migrantes presentes en la celebración y destacó que muchos de ellos, aun en medio de su propia vulnerabilidad, han ejercido la solidaridad durante el camino.
La misa, en la que estuvo colocada junto al altar una imagen de la Virgen de Porto Salvo, cerró la visita pastoral de cuatro horas del papa León XIV a Lampedusa, antes de su regreso al Vaticano. Al despedirse, el pontífice recurrió al saludo tradicional de la isla: “O’scià”.
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Djs
