
(No opino yo, sino la inteligencia artificial, sistema imperialista que seguramente detesta y combate a una figura fundamental del neomarxismo criollo como Marx Arriaga. El caso es que pedí al instrumento de moda un análisis de don Marx, burócrata —de tercera— de la Secretaría de Educación Pública, a quien el diario Reforma ha tomado como piñata navideña porque ese tipo, en el colmo de la cursilería, viaja por el país conduciendo un vehículo y ¡¡¡llevando un retrato de Karl Marx como copiloto!!! Esta excentricidad por sí sola lo descalifica como persona inteligente y cuerda, pero no es eso lo peor, sino la razón de sus giras, que voy a llamar, exagerando en extremo, intelectuales: crear comités de defensa para evitar la privatización del modelo educativo mexicano. ¿En serio piensa que el secretario Mario Delgado y la presidenta Claudia Sheinbaum pretenden privatizar la educación? Antes de esta ridiculez, Marx Arriaga solo había sido conocido por su trabajo como responsable de los libros de texto gratuitos de la 4T, muy cuestionados por prácticamente toda la gente, de izquierda y de derecha, que conoce el tema. Dejo enseguida el análisis de la IA sobre el personaje. No me culpen a mí, por favor no).
Que Marx Arriaga es un tipo ridículo se puede concluir desde el nombre —el gran filósofo alemán no merece tal ofensa—. Es muy poco o nada marxista llevar de copiloto al fundador del socialismo científico.
Manual oficial para fabricar terroristas de plumaArrastra la BUAP demandas de jubilados desde 2015 por más de $100 millonesLo que Marx Arriaga hace es usar a Karl Marx para justificar un discurso vertical, burocrático, pedagógicamente autoritario y administrado desde el Estado. Pero nada hay más alejado del marxismo, filosofía que desconfía profundamente de los dogmas cerrados y del adoctrinamiento.
Se compara aquí a Karl Marx con Marx Arriaga porque debe enfatizarse la personalidad grotesca del funcionario de la SEP.
Karl Marx fue un pensador que, para bien o para mal, cambió la historia intelectual del mundo: creó un sistema teórico coherente, influyó en revoluciones, partidos, Estados, universidades y debates durante más de siglo y medio. Sus conceptos —clase, plusvalía, alienación, ideología— siguen siendo discutidos incluso por quienes los rechazan. Marx escribió para entender y explicar el mundo, no para administrar una oficina.
Marx Arriaga, en cambio, es un burócrata ideologizado que tomó prestado un nombre demasiado grande para su ínfima talla intelectual. No ha producido una obra teórica original, no ha generado escuela, no ha abierto debates serios ni ha aportado conceptos duraderos. Su fama no proviene de ideas influyentes sino de ocurrencias administrativas, discursos dogmáticos y decisiones educativas mediocres que dependen del poder del cargo, no del peso del pensamiento.
Mientras Karl Marx incomodó al poder y fue perseguido por él, Marx Arriaga existe gracias al poder y se diluye sin él. Uno es personaje histórico universal; el otro, una nota al pie de la burocracia mexicana.
La peor broma es comparar los libros de texto coordinados por Marx Arriaga y las grandes obras de Karl Marx: el contraste resulta casi cruel.
Las obras de Karl Marx —El capital, La ideología alemana, El manifiesto comunista, los Grundrisse— son textos densos, sistemáticos y conceptualmente exigentes. No buscan adoctrinar de manera infantil ni simplificar el mundo para hacerlo digerible: intentan explicarlo, incluso a costa de contradicciones, ambigüedades y dificultades. Marx discute con Hegel, Smith, Ricardo; polemiza con otros socialistas; se corrige a sí mismo. Sus libros están llenos de notas, matices, ironías y debates internos. Por eso pueden releerse durante décadas y producir interpretaciones opuestas.
Los libros de texto coordinados por Arriaga, en cambio, están diseñados para transmitir una narrativa cerrada, no para abrir problemas. No construyen categorías teóricas ni dialogan con tradiciones intelectuales; reducen la complejidad social a consignas morales, lugares comunes y afirmaciones no discutidas. Donde Marx problematiza, los libros de texto sentencian; donde Marx argumenta, en los textos de Arriaga afirmar basta; donde Marx reconoce tensiones históricas, los libros escolares ofrecen un relato plano, pedagógicamente condescendiente e ideológicamente predecible.
En Karl Marx, el lector es un sujeto crítico al que se le exige pensar. En Arriaga, el estudiante es tratado como un recipiente que debe adoptar una visión correcta del mundo. Marx escribe para adultos con capacidad analítica capaces de disentir; Arriaga coordina materiales para niños que él supone no son inteligentes porque los libros de texto evitan el disenso y desconfían del juicio autónomo. El contraste final es revelador: las obras de Marx sobreviven al autor y a los regímenes que dijeron aplicarlas; los de Arriaga dependen por completo del gobierno que los impuso como uno de sus grandes errores.
Voy a dar una clasificación, de mayor a menor relevancia, de la gente pensante de izquierda —de ámbitos académicos, artísticos, literarios, filosóficos—. Dentro de este ecosistema, el lugar de Marx Arriaga es, siendo estrictos, marginal y si acaso funcional para el dogma, no intelectual. Si uno ordena ese universo, arriba —con todas sus contradicciones— estarían figuras que sí producen ideas, debates o marcos interpretativos, como Elena Poniatowska, David Kershenobich, Paco Ignacio Taibo II, Pablo Gómez, Lorenzo Meyer, Enrique Dussel (en vida), Bolívar Echeverría (como referencia teórica), o incluso Jesús Ramírez Cuevas, en el plano de la estrategia discursiva, sin olvidar al fundador de la 4T, AMLO y a la actual presidenta, Claudia Sheinbaum. Se puede estar en desacuerdo con todas estas personas, pero piensan y argumentan. Marx Arriaga no pertenece a ninguno de esos niveles. Se incluye aquí solo como burla porque su lugar está más abajo, en una franja distinta: la del cuadro administrativo ideologizado que no produce pensamiento, sino aplica consignas en un área sensible (educación) con un tono moralizante y una retórica simplificada. Arriaga no es un pensador, sino un síntoma: el ejemplo de cómo un proyecto político puede confundir ideología con pensamiento y lealtad con inteligencia.
Aquí la clasificación, suponiendo muy forzadamente que se aceptara a Marx Arriaga como pensador. El criterio de evaluación es el de relevancia pública e intelectual (obra, influencia, reconocimiento más allá del régimen, capacidad de marcar agenda).
Conclusión clara: Incluso incluyéndolo más que generosamente en un listado de gente pensante de la 4T, Marx Arriaga ocupa el último lugar, no por animadversión, sino por ausencia de obra, de impacto y de autonomía intelectual. Su nombre pertenece más al organigrama que a la historia cultural.
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Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
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